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Muzunga en la niebla

GorilaCuando un gorila te sostiene la mirada durante dos segundos y medio, es fácil rendirse a sus encantos y entender por qué Dian Fossey eligió pasar su vida estudiando el comportamiento de los gorilas en su hábitat natural; 18 años en total, hasta que fue asesinada en su propia casa, en las montañas Virunga (Ruanda), en circunstancias aún hoy desconocidas. Supongo que la mayoría habréis visto la película “Gorilas en la niebla”, por lo que yo sólo puedo recomendaros el libro, del mismo título. Lo leí en mis años universitarios y me hubiera gustado releerlo antes de ir al Parque Nacional Virunga; pero no pudo ser. Ameno y apasionante a partes iguales. O al menos así lo recuerdo yo.

Seguramente los gorilas que Dian Fossey estudió todavía no estaban acostumbrados a los humanos por aquel entonces, por lo que mirarlos a los ojos no era nada aconsejable. Hoy día la familia Susa está tan acostumbrada a sus primos Parque Nacional Virungaque hasta pasan por tu lado sin inmutarse. Cuando te dedican una mirada tan dulce como indiferente, dan ganas de acariciarlos, y hasta de ir en busca de un abrazo. La tentación de no ponerse a jugar con los más pequeños es casi insoportable. La hora cronometrada que se pasa junto a ellos es fascinante, aunque he de reconocer que no me hubiera importado ver un poco más de acción por su parte. Yo qué sé. Un salto mortal o un másdifíciltodavía.

En cualquier caso, tres horas de marcha por caminos empantanados y, a veces, hasta inexistentes, a través de bosques de bambú y cardos asesinos bien merecían un premio. El mismo que desde aquí comparto con vosotros. Espero que disfrutéis la visita tanto como lo hice yo.

La danza de los héroes

La música siempre ha jugado un papel muy importante en la vida social, económica y civil de Ruanda. Todos los hitos en la vida de una persona se celebran con canciones y danzas tradicionales: nacimientos, Danza Intorebautismos tradicionales (guterekera), aniversarios, bodas, lanzamientos de nuevos proyectos, fiestas políticas e incluso para dar la bienvenida a visitantes importantes. La música ruandesa se distingue del resto de la música africana por tener un ritmo 5/8 (los entendidos en música que nos lo expliquen, por favor; que a mí me han dejado igual que estaba). Mientras los bailarines bailan, los miembros del coro dan palmas para hacer de metrónomo o estimularlos. La danza es, pues, una celebración comunitaria.

La variedad en danzas y músicas corresponde a la variedad de actos épicos que conmemoran méritos y actos de valentía. Intore significa “danza de lo héroes” o “los escogidos” y, antiguamente, la solían realizar los guerreros ante la Corte Real para celebrar su victoria en una batalla. Los guerreros, con peluca hecha de cabellos de hierba y espadas, bailaban de un lado a otro al ritmo de los tambores “ingoma“. Normalmente estos bailes de celebración incluyen una orquesta compuesta únicamente de tambores (entre siete y nueve). A menudo, las canciones tradicionales que acompañaban a estas danzas tenían una letra en clave de humor e iban acompañadas de un instrumento de ocho cuerdas llamado lulunga.

Yo tuve la suerte de ver la Danza Intore en Musanze, mientras esperaba que se organizaran los grupos para ir a ver los gorilas. Aunque no deja de ser un espectáculo turístico (parece ser que los “auténticos” saltan más alto y hasta con el tambor en la mano), yo lo disfruté igualmente.

¿Propinilla? No, gracias

“Perdona mi impertinencia pero si no te lo pregunto reviento… ¿Por qué no le diste una propinilla?” La pregunta me la lanzó Nieves, pero seguro que a más de uno también se le pasó por la cabeza al leer mi entrada sobre la bicicleta de madera en Ruanda. La pregunta es de todo menos impertinente, así que he decidido contestarte con una entrada, porque si no el comentario me iba a quedar muy largo.

*** Advertencia: ¡ladrillo vaaa! ***

Lo de dar dinero por dar, nunca me ha parecido muy buena idea. Creo que la persona a la que se le da dinero tiene que merecérselo de alguna manera. De lo contrario, se crearán hábitos y costumbres perjudiciales. La caridad puede hacer mucho daño, aunque nazca de las buenas intenciones. Yo le doy propina al músico que toca en la calle, o en el metro, pero no a la señora que se sienta en la Gran Vía de Madrid extendiendo la mano a los transeúntes y con un cartel que reza “soy viuda y mi marido está en paro” (verídico). Y me indigno cuando la sociedad da limosna a las personas con minusvalía, haciéndolas inútiles cuando no lo son, y no hace nada por empoderarlas e integrarlas en la sociedad, para que tengan una vida digna.

Estos niños me pidieron que les echaran una foto pero no me pidieron dinero por ello.

Estos niños me pidieron que les echaran una foto pero no me pidieron dinero por ello.

La mayoría de las veces llevamos a cabo actos de caridad sin pensar en las consecuencias (sólo en que nos sentiremos mejor haciéndolo). Tengo clavada en las pupilas la imagen de un señor al que le faltaban ambas extremidades en el centro de Addis Abeba, acostado sobre un cartón lleno de monedas. ¿Cómo había llegado hasta allí si no tenía piernas para caminar? ¿Cómo recogería aquellas monedas si le faltaban los brazos? Concluí (puede que por equivocación) que alguien tenía que haberlo llevado hasta allí y que seguramente ese alguien (o alguienes) se estaba aprovechando de su minusvalía para luego quedarse con ese dinero que a él le daban.

En los países del sur global, dar dinero (o caramelos, o bolígrafos, o lo que sea) sin motivo crea expectativas, pero sobre todo hábitos. Os lo contaba en la historia de La niña Kabalaye. ¿Alguno de vosotros le daría una propina a alguien que os mostró el camino cuando estabais perdidos? Si no lo hago en mi país, ¿por qué tengo que hacerlo cuando voy fuera? Recuerdo que una vez, en Londres, un par de japonesas me regalaron un cuaderno de notas cuando las llevé hasta la parada de autobús que andaban buscando, a pesar de mis vanos intentos por recharzarlo. Todavía me sonrío cuando lo pienso.

Estos señores me pidieron si podían hacerse una foto conmigo y nunca se ofrecieron a pagarme nada por ello.

Estos señores me pidieron si podían hacerse una foto conmigo y nunca se ofrecieron a pagarme nada por ello.

¿Le daríais una propina a alguien cuyo corte de pelo te gusta y se deja fotografiar para que luego te lo pueda hacer tu peluquero/a? ¿Y crees que la otra persona se deja fotografiar porque espera unas monedas a cambio? ¿Entonces porque tenemos tendencia a hacerlo cuando vamos de vacaciones a ciertos países? ¿Porque son pobres-pobrecitos? Lo único que conseguimos es generar en esas personas (niños y no tan niños) conductas dañinas, y que cada vez que vean a un extranjero extiendan la mano, o vayan hacia él o ella para pedirle, aunque no lo necesiten. Si te piden dinero y les dices que no, te piden un bolígrafo. El caso es pedir. Que a mí me han llegado a pedir por la calle un ordenador portátil y una cámara digital. O, si no, te piden que les hagas una foto para luego pedirte propina. Y, por desgracia, estas prácticas de dar por dar han cambiado, entre otras muchas cosa, el concepto y el motivo de las relaciones extranjero-autóctono radicalmente; rodeando su amistad, si es que surge entre los mismos, de una cortina de duda sobre la sinceridad de la misma.

Por eso no le di propina al niño, Nieves. Porque le pedimos permiso para hacerle la foto. Y porque una foto no es motivo de propina. Ni de limosna. La foto de aquí abajo la tomamos después de charlar con estos niños un rato. Le pedimos que si nos podíamos hacer una foto con ellos y accedieron gustosos. Cuando terminamos, uno de ellos nos pidió dinero, y el más mayor le dio un cachete y le dijo “¡no!”. A mí me alegró ver que hay otra gente que comparte mi punto de vista. Sobre todo en un país como Ruanda, que intenta alejarse de los topicazos africanos y donde todavía se puede andar por la calle tranquila sin que los hombres te acosen ni nadie venga a pedirte dinero. No lo estropeemos. Que volver atrás sería muy complicado.

Kibuye

La casa de los horrores III (y última)

***ADVERTENCIA***
Esta entrada contiene imágenes que pueden herir la sensibilidad del lector

La iglesia de Nyamata ofrece al visitante unos bancos enterrados en la ropa de los tutsis que allí murieron. Montañas y montañas de ropa donde antes se sentaron feligreses a escuchar aquellos que los denunciaron a los secuaces de la muerte. Una escalera en el medio de la iglesia conduce a una sala de colores fríos donde una vitrina de cristal expone un ataúd, varios huesos y algunas calaveras.

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El verdadero espanto reside en los jardines de la iglesia, ahora sembrados de fosas comunes. Dos de ellas están abiertas al público. Unas escaleras te invitan a bajar a lo desconocido. Conteniendo la respiración, me aventuré despacio hacia aquel agujero en perfecto orden. Me sentí claustrofóbica, atrapada en un pasillo estrecho y rodeada de cientos de huesos y calaveras, tan cerca de mi cuerpo, que parecían quererme tocar.

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Pensé que nunca había estado tan cerca del esperpento. Aquel día, sin embargo, aún ignoraba que en la Escuela Técnica de Murambi lo conocería en carne y hueso. Cuerpos exhumados y conservados con cal se retuercen de pánico en un escorzo perpetuo. Expresiones de dolor, dedos encogidos, brazos y piernas en posición de defensa, gritos truncados, han sido congelados en el momento preciso en que la muerte los sorprendió; envueltos en un olor putrefacto que te zarandea al entrar en la primera sala, cuando el sentido del olfato todavía anda con la guardia baja, como si el horror sólo pudiera ser visual.

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La imagen de todos aquellos cadáveres, hombres y mujeres, adultos y niños, aún me persigue. A veces veo instantáneas de expresiones y posiciones cuando corro las cortinas, o abro el frigorífico, o apago la luz. No dejo de preguntarme si es indispensable montar este escenario macabro para no olvidar ni negar. Si esos cuerpos todavía por identificar no se merecen el respeto al anonimato que la fosa común de la que fueron desenterrados les ofrecía. Me pregunto qué código moral se está infringiendo con esta muestra de barbarie. ¿O acaso no se está vulnerando ninguno? Me da vergüenza admitírmelo a mí misma, pero creo que a mí fue el morbo quien me llevó de la mano hasta Murambi. Y no debería haber sido así.

La casa de los horrores II

La única vez que he visto a alguien morir fue hace más de diez años. El tenía cáncer y se ahogó con su propia flema. No sé qué me impresionó más, si verle cambiar de color y dejar de respirar, o el gesto del médico a la enfermera para que lo dejara ahogarse. Acabando así con su sufrimiento. Todavía recuerdo aquel olor fétido que me abofeteó la cara al entrar al hospital. Olor que se iba haciendo cada vez más insoportable conforme me acercaba a la habitación del moribundo. Durante mucho tiempo me estuve preguntando si era así como olía la muerte. Salí al pasillo a llorar, y fue su mujer la que vino a consolarme, con la voz dulce y el semblante tranquilo.

ntarama

La noche anterior de visitar el Memorial de Murambi me sentía un poco aprehensiva. Quería entender las razones que me impulsaban a visitarlo; aún sabiendo lo que me iba a encontrar allí. O quizás porque sabía lo que iba a encontrarme. ¿Era curiosidad? ¿Morbo? ¿Un poco de ambos? Unas semanas antes había visitado los Memoriales de Ntarama y Nyamata, que muestran diferentes caras del horror, y me habían dejado un mal sabor de boca. ¿Por qué ir más allá y subir un nivel en la escala de la barbarie?

ntarama

Durante el genocidio, las víctimas de las persecuciones acudieron a las iglesias en busca de refugio, sólo para descubrir que los miembros del clero colaboraban con la Interahamwe*. Como consecuencia de esta falta de solidaridad, muchas de las más horrendas masacres se llevaron a cabo en sitios sagrados de todo el territorio del país  La iglesia de Ntarama exhibe en unas estanterías de madera los huesos y calaveras de algunas de las víctimas que allí murieron. Varios ataúdes que contienen los cuerpos de familias enteras por falta de espacio (y dinero), contribuyen al ambiente sombrío que allí se respira. Las ropas que llevaban las víctimas visten paredes y techo.

ntarama

El aire denso donde se pasea el horror de una historia reciente te corta la respiración. Es imposible no fruncir el ceño cuando el guía te lleva hasta la habitación donde murieron los niños. Una inmensa mancha roja en la pared denuncia el sitio donde la cabeza de los más pequeños era golpeada hasta que el llanto se tornaba silencio. La imaginación, presa del terror, se dispara; y son necesarios varios minutos de reflexión antes de continuar el camino.

ntarama

* Organización paramilitar Hutu que llevó a cabo las masacres durante el genocidio en 1994

Brocolandia o el Parque Nacional de Nyungwe

Servidora de camino

Servidora de camino

La palabra mágica me llevó hasta allí: chimpancés. Y un fin de semana de tres días era la ocasión perfecta para ir a verlos. El Parque Nacional de Nyungwe queda a unas cuatro horas en coche desde Kigali, lo que hace difícil visitarlo en un fin de semana, sobre todo si se pretende hacer algo de senderismo y se tiene toque de queda. Semana Santa me regaló la oportunidad de no dejarme este parque en el tintero.

Brocolandia

Nyungwe es una selva tropical virgen con la mayor concentración de primates del mundo. Y probablemente uno de los parques peor organizados y explotados. La oferta de caminatas es bastante reducida y muy cara. Las distintas caminatas tienen hora de salida y te obligan a ir con guía (aunque no haga falta). Pagas lo mismo vayas solo o seáis ochocientos cuarenta y tres en el grupo (todo depende de cuanta gente haya ese día interesada en tu misma caminata). Y si llegas tarde a la que te interesa, mala suerte. Aunque los guías estén sentados sin hacer nada. La mayoría de las caminatas no son circulares, lo que significa que empiezas en un sitio y terminas en otro. No existe transporte para ir al principio o recogerte en el final, con lo que no sólo necesitas tu propio vehículo sino también un chófer que te espere a la salida. Vi muchas caras de decepción aquella mañana y algún que otro bufido.

Por fuera, Nyungwe parece un racimo gigante de brócoli. Se tarda una hora en cruzar la carretera que lo atraviesa y no hace falta tener mucha suerte para encontrarse monos de cuello blanco comiendo a orillas de la misma. La salida del parque, dirección a Nyamasheke, te regala un verde limón chillón. Son los campos de té que se pierden a lo lejos, como si quisieran abrazar el horizonte. Perfectos, dan ganas de acariciarlos con la palma de la mano.

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Una vez dentro, es necesario aguzar la vista para no dejarse engañar por el verde monocromático que parece pintar el paisaje. Las tonalidades son apenas perceptibles en algunos sitios y descaradamente diferentes en otros. Las flores, intimidadas por tanto verdor, se esconden tras sus pétalos, a poco centímetros del suelo. Los pájaros apenas se dejaron escuchar y mucho menos ver. Las únicas que no jugaron al escondite fueron la lluvia y la niebla. Y, al final, muy al final, algunos monos salieron a despedirnos aprovechando que había salido el sol.

¿Los chimpancés? No los vi. Había que estar allí a las cinco de la mañana y verlos no estaba garantizado, así que preferí quedarme abrazando a la almohada.

Nyamasheke

Ishara Beach HotelTodos se rieron cuando les dije que había pasado el fin de semana en Nyamasheke. ¡Pero si allí no hay turistas! – exclamaron. Pues por eso – respondí yo. Más risas. Mi misión aquí en Ruanda está siendo mucho más estresante de lo que esperaba. Mucho trabajo y poco tiempo, condimentado con unas cuantas frustraciones, resumen a grandes líneas mi vida laboral en estos momentos. El otro día pensaba que éste está siendo uno de los trabajos más dolorosos que he tenido nunca. Cada minuto que pasa es como un alfiler que se clava bajo las uñas. Sé que parte de la culpa la tiene el cansancio acumulado. Y por el bien de la humanidad, espero poder tomarme unas vacaciones cuando termine esta misión.Lago Kivu

Precisamente por el bien de la humanidad y mi propia salud mental, últimamente sólo quiero estar conmigo misma. Para pensar. Para ordenar todos estos sentimientos contradictorios a los que me veo obligada a hacer frente. Para relajarme. Para recordar las razones por las que haber venido hasta aquí merece la pena. Para poder escuchar lo que pienso. Para desconectar. Sobre todo para desconectar. Y Nyamasheke, un sitio que no aparece en las guías de viaje (al menos no en las que yo tengo a mano), a orillas del lago Kivu, me pareció el sitio perfecto para reunirme conmigo misma.

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Los turistas prefieren ir a Rubavu (antiguo Gisenyi, la otra cara de Goma) o Karongi (Kibuye antes del cambio de nombre). Habiendo estado en Karongi el fin de semana pasado, después de haber visitado Nyamesheke, sigo quedándome con mi primera elección. Por sus vistas al lago. Por su tranquilidad. Por su encanto. Por el paseo entre las casas de alrededor, con gusto a nostalgia. Nostalgia del Chad. Paseo que me hizo recordar lo que me estoy perdiendo (lo que me perdí en otros sitios, como Etiopia) por vivir (haber vivido) en la capital, donde el contacto con los lugareños se limita al contacto con los compañeros de trabajo. Frío. Distante. A veces hasta obligado.

Lago Kivu

Nyamasheke me regaló la ilusión de creerme en un lugar perdido en el mundo. Atardeceres donde la luz va pintando paulatinamente los campos de distintos verdes. El silencio roto de la naturaleza (pude contar hasta seis sonidos diferentes, lo que me hizo pensar en lo poco acostumbrada que estoy a agudizar el oído). Un cielo cosido de estrellas. Un lago salpicado de luces (el amanecer me chivaría que eran las barcas de los pescadores que faenaban). Un relámpago que iluminó mi cuarto y me despertó en medio de la noche, mientras una tormenta coqueteaba con mi respeto y fascinación y me impedía recuperar el sueño (¿estarían a salvo los pescadores?).

Nyamasheke

En Nyamasheke puede que no haya turistas, pero hay magia. Yo la viví.

Ruanda

Valle del Rift, Etiopía (fotos)

“Ponemos más interés en hacer creer a los demás que somos felices que en tratar de serlo.”
François de la Rochefoucauld (1613-1680) Escritor francés.

Entradas relacionadas

Valle del Rift (I):
https://lapuertaentornada.wordpress.com/2012/01/22/valle-del-rift-i-yirgalem/

Valle del Rift (II): Timkat:
https://lapuertaentornada.wordpress.com/2012/01/23/timkat/

Valle del Rift (III): Awassa:
https://lapuertaentornada.wordpress.com/2012/01/24/valle-del-rift-iii-awassa/

Valle del Rift (IV): Lago Langano:
https://lapuertaentornada.wordpress.com/2012/01/25/valle-del-rift-iv-lago-langano/

Ensete: arma biológica contra el hambre:
https://lapuertaentornada.wordpress.com/?s=ensete

Parque Nacional Akagera

De mi visita al Safari de Madrid sólo recuerdo que casi me quedo huérfana de madre. A la muy bruta no se le ocurrió otra cosa que bajar la ventanilla del coche y sacar medio cuerpo fuera (igual estoy exagerando, aviso) para hacerle una foto a los leones, saltándose alegremente las consignas de seguridad. Por fortuna, los leones se acababan de despertar y se acercaron hasta nosotros lo suficientemente despacio como para que a mi madre le diera tiempo a subir la ventanilla antes de tener que sacrificar un brazo. O la única cabeza que tiene. La foto de unos leones con cara de pocos amigos en primer plano anda por casa, y creo que a mi madre ya se le ha pasado el sustito. A mí todavía me dura.

En el Parque Nacional Akagera no hay leones, así que no tuve que revivir Akagera signninguna experiencia traumática durante mi visita (vale, igual estoy volviendo a exagerar). Tampoco hay rinocerontes, aunque hay planes de volver a introducir ambos para que este parque esté a la altura de los parques de los países vecinos (Tanzania y Kenya). La guerra civil (1990-1994) y el genocidio (1994) acabaron con la mayoría de la fauna que habitaba este parque, y ha ido que ir repoblándolo poco a poco. Además, Akagera también perdió dos tercios de su superficie, cuando el gobierno tuvo que dar tierras a los tutsis y hutus moderados que habían abandonado el país durante los diferentes pogroms que vivió el país en diferentes momentos de su historia, y volvieron una vez que las cosas se habían calmado. Como suele pasar en estos casos, los refugiados retornados se encontraron con que, durante su ausencia, sus casas habían sido ocupadas por otras familias que se negaban a dejarla, conRuanda lo que el gobierno tuvo que mediar, en muchos casos regalando parte de sus tierras para facilitar la repatriación.

Actualmente, la mayoría de los animales que han vuelto o han ido introduciéndose se encuentran en la parte norte del Parque, principalmente porque ahí es donde se encuentran las reservas de agua. Los planes de vallar sus más de 1.000 kilómetros cuadrados para evitar que el ganado o los cazadores furtivos (escasos, por no decir ninguno, según el personal del parque) no se cuelen dentro, casi han terminado. Cuando no quede ni un centímetro por cubrir con valla eléctrica , los leones y los rinos volverán a ser bienvenidos y Akagera podrá presumir de albergar los “cinco grandes”.

Jirafas

Nosotros tuvimos mucha suerte y pudimos ver un montón de animales, incluida la mamba negra, momento en que la guía nos ordenó que subiéramos los cristales del coche (no sé por qué, mamá, pero en este momento me acordé de ti). Para los ignorantes como yo, la mamba negra es la serpiente más venenosa de África y suele medir entre 2.5 y 3.5 metros (cito a nuestra guía). No sé cuánto medía la que vimos nosotros porque estaba cruzando la carretera y sólo le vimos el trasero, que era más largo que un día sin pan. Cebras, jirafas, elefantes, hipopótamos, cocodrilos, varias clases de antílopes, búfalos, “Pumbas” (para que luego digan que Disney no nos tiene dominados), águilas pescadoras, miles de golondrinas, mariposas y otras aves cuyo nombre desconozco completarían el día. Sólo nos quedó por saludar al señor leopardo, que por el día anda siempre descansando para poder acechar cuando Don Lorenzo no está mirando.

Senderismo en el Escarpe Mesket (fotos) – Etiopia

“Después de escalar una montaña muy alta, descubrimos que hay muchas otras montañas por escalar.”
Nelson Mandela

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Circuito historico (V): Senderismo en el Escarpe Mesket https://lapuertaentornada.wordpress.com/2012/03/08/circuito-histrico-v-senderismo-en-el-escarpe-mesket/

Lalibela (fotos) – Etiopía

“No quiero escribir más acerca de estas obras, porque temo que si escribo más, nadie me va a creer, y lo que escribí dará ya a más de uno motivo para llamarme mentiroso”.
Francisco Alvares, religioso portugués del siglo XVI

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Circuito histórico (IV): Lalibela: https://lapuertaentornada.wordpress.com/2012/03/06/circuito-histrico-lalibela/

Circuito histórico (V): Senderismo en el Escarpe Mesket: https://lapuertaentornada.wordpress.com/2012/03/08/circuito-histrico-v-senderismo-en-el-escarpe-mesket/

Gondar (fotos) – Etiopía

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Circuito histórico (III): Gondar
https://lapuertaentornada.wordpress.com/2012/03/02/circuito-histrico-gondar/

Yemen, otro sueño cumplido

Desilusión

Durmiendo yo una vez 
Un caballo logró colarse en mi sueño 
Y… se durmió

Nabilah Alzubair (Yemen, 1964)

Ciudad vieja de Sana'a

Ciudad vieja de Sana’a

Vendrán más fotos, robadas desde el coche o mientras devoraba la ciudad vieja de Sana’a en un tiempo récord.  Vendrán las historias de otro sueño cumplido y un amor a primera vista. De todas las sensaciones que Yemen ha despertado en mí. He pasado aquí diez días de locura. Vuelo esta madrugada para Amán, con muchas horas de trabajo en la maleta y unas ojeras tan negras que se confunden con mis pupilas. Pero vuelvo con la sonrisa puesta por haber tenido la oportunidad de venir a este país.

El viernes vuelvo a ponerme las alas, pero esta vez las de placer, para pasearme por Estambul durante unos días y desconectar del mundo. También a pasar frío y probablemente hasta mojarme. Afortunadamente iré bien acompañada por lo que no habrá sitio para las quejas.

Mientras vuelvo y no, feliz falsedad, digo navidad.

Bahir Dar y Lago Tana (fotos) – Etiopía

Las fotos de este álbum son un reflejo de lo poco que me entusiasmó este sitio… Supongo que las circunstancias que rodearon mi visita contribuyeron a ello.

PD. WordPress también me ha subido las fotos de este álbum desordenadas. ¡Buuu to WordPress!

Entradas relacionadas:

Circuito histórico (I): Bahir Dar
https://lapuertaentornada.wordpress.com/2012/02/28/circuito-histrico-bahir-dar/

Circuito histórico (II): Lago Tana
https://lapuertaentornada.wordpress.com/2012/02/29/circuito-histrico-lago-tana/

 

Lago volcánico Wenchi (fotos) – Etiopía

Me habéis convencido. Al final me traigo las fotos al blog. He creado una categoría nueva (“álbumes de fotos”) y una nueva etiqueta (“fotografías”) para que sean fácil de encontrar. Se puede comentar y darle a me gusta en fotos individuales. Al final de las fotos pondré la/s entrada/s relacionada/s por si hay algún despistado curioso al que le apetezca leer los detalles.

Inauguro la sección con uno de los álbumes que ya puse en facebook. Los demás espero que vayan llegando en breve… Por cierto, WordPress me ha subido las fotos desordenadas y con los cambios que han hecho no encuentro el botón de “ordenar por fecha” así que caóticas se quedarán hasta que dé con la tecla (si la hay).

Entrada relacionada:

Guanchi Wenchi: https://lapuertaentornada.wordpress.com/2012/01/08/guanchi-wenchi/

Beirut: paisaje urbano

Bajo el actual Beirut yacen los cimientos de siete civilizaciones. Que nadie me haga enumerarlas porque no me las sé. Repito como un papagayo lo que alguien me dijo mientras me paseaba en su coche por el centro de la ciudad durante las últimas horas del día, aquéllas en las que mi mente arrastraba el cansancio acumulado durante interminables jornadas laborales y mis párpados se debatían entre el sueño y la vigilia. Ante los brazos extendidos de la ciudad yo sólo podía devolver el abrazo. Al precio que fuera.

Beirut me recordó a la Europa de otra época, pero tampoco sabría decir de cual. Alguien me dijo que era esa familiaridad la que me invitaba a quererla pero yo no acabo de estar de acuerdo. Si hay algo que me gusta de vivir en el extranjero es precisamente lo diferente, lo que no me recuerda a nada, lo que me sorprende y desaprende, lo imaginado y lo inimaginable. Siempre he dicho que no sirve de nada vivir fuera de tu país si no es para cambiar de vistas, comida y costumbres (hablo de los que tenemos la suerte de escoger quedarnos en nuestra patria si así lo deseáramos).

Os invito a subiros en el coche que no tengo y a admirar desde la ventanilla lateral las fachadas, puertas, ventanas y balcones de la capital libanesa. Las nuevas y las no tan nuevas. Las que se salvaron, las restauradas y las que todavía guardan en la piel las balas de una guerra no muy lejana…

PD. Para ampliar una imagen sólo tenéis que hacer click sobre ella.

Beirut: el lenguaje callejero

Antes de venir, yo ya había decidido que Beirut me iba a gustar, a pesar de que odio las aglomeraciones y las grandes ciudades. Y es que estoy llena de contradicciones. Soy sensible a la violencia pero me encanta la película Fargo. No tengo instinto maternal pero me fascinan los niños. Y así, sucesivamente.

Desde el cielo, lo primero que me llamó la atención de la capital libanesa fue su tamaño. Luego, el tráfico, del que ya me habían avisado: motos conduciendo en sentido contrario, policías en cada cruce para que la gente respete los semáforos, carreteras con carriles elásticos, conductores diestros en el arte del eslalon, rotondas sálvese-quien-pueda, cruces el-que-no-corre-vuela-y-el-que-no-acelera, matones sobre ruedas y mucho, mucho bip bip biiiip. Nada que no haya visto antes en otros lugares con otros matices y colores.

Una vez dentro de la ciudad, las calles tienen su lenguaje propio. Muchas están vestidas con grafitis de todo tipo. Los hay que necesitan mejorar. Los hay que progresan adecuadamente. Los hay con mucho gusto. Los hay horteras. Los hay cargados de buenas intenciones. Los hay simples y elaborados. Hasta los hay de Banksy (Reina Maga, recuerda que tenemos una cita pendiente para hacernos el recorrido de sus grafitis en Londres). Un verdadero regalo en medio de tanto asfalto.

Aquí os dejo una selección. No están los mejores ni los peores. Sólo los que pude ir robando desde el coche o en el poco tiempo libre que me dejaron para pasear. Como rezaban unos carteles: “que le den por c!*i al trabajo; hagamos arte”.

PD. Aún tengo pendiente leer vuestros comentarios de los últimos días. Igual os contesto a todos juntos en una entrada aparte. Todavía no lo he decidido…

En el fondo del mar (Aqaba)

IMG_7271– Si en Jordania hubiera más mujeres como vosotras, se acabaría la guerra en Siria.

Cretino, pensé. Bueno, en realidad lo que pensé fue “fucking idiot”. Mi compañera sonrió educadamente.

– Si os doy 20 JOD* – siguió con esa voz que sólo los imbéciles saben poner – ¿compraréis bocadillos y los repartiréis entre los refugiados? – hizo ademán de sacar su cartera.

– Me parece que las cosas no funcionan así – le contestó mi compañera con su dulce voz y sonrisa de caramelo. Yo le hubiera mandado a la mierda, que es donde los imbéciles como él deberían estar. Pero es que yo tengo menos clase.

– La guerra es una cosa horrible – insistió con voz teatral. – ¡Ojalá que Assad quite pronto el poder!

– Ojalá que se muera pronto – dije yo. Me salió sin pensar. AIMG_7323veces me pasa, digo cosas sin filtrarlas primero mentalmente. No sé de dónde vienen. Sólo que salen por mi boca como un eructo. Irremediablemente. Y con brutalidad.

– ¡Oh, no! ¡No digas eso! – dijo el cretino.

– ¿Por qué no? – le pregunté muy seria. Había que mantener el tipo hasta el final. – En lo que a mí respecta, en Siria hay una guerra y en las guerras, por desgracia, muere gente. Hubo una época en que los muertos eran soldados. Las guerras de hoy día, sin embargo, se ceban con los civiles. Si decenas de miles de civiles están muriendo por culpa de Assad, ¿por qué no él? Al fin y al cabo, se le puede considerar un soldado.

Me quedé con las ganas de decirle que se metiera sus 20 JOD por donde amargan los pepinos. En Jordania cruzan la frontera una media de 1.000 refugiados diarios. ¿A cuántos refugiados pretendía alimentar con sus míseros 20 JOD?

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Conseguí escandalizar a mi compañera durante un buen rato y que el cretino no volviera a dirigirme la palabra en lo que quedaba de día (¡ay, qué pena más grande!). Y a mí dolió pagarle una fortuna por un tour timo a los corales de Aqaba. El muy sinvergüenza nos montó en un barco donde tardamos una hora en llegar a la misma playa en la que habíamos estado el día anterior, a diez minutos en coche. No sólo era un imbécil sino que además nos trataba como sus semejantes. No hay cosa que más me joda. Que me timen. Es una cuestión de orgullo, aunque no tenga ninguno.

Veo, veo
¿Qué ves?
Una cosita

Desde que me saqué el título de submarinista hace algo más de diez años en Sídney, para ir a la Gran Barrera de Coral, no he viajado mucho por las profundidades del mar; por lo que no tengo mucha experiencia en lo que a vida marina se refiere. En las contadas ocasiones en que he vencido mis miedos y me he aventurado en el fondo del mar, he visto corales de mil colores, rayas, tortugas, pezqueñines, pezquegrandes (incluidos tiburones de arrecife, que no muerden, pero que a mí me siguen infundiendo respeto), la familia de Nemo, Sebastián, “concordias”, latas de coca-cola, zapatos, paquetes de tabaco, bolsas de plástico… Lo típico.

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¿Y qué cosita es?
Empieza por la “t”
¿Qué será? ¿Qué será? ¿Qué será?
¡Tanque!

Sí, con esa misma cara me quedé yo cuando lo vi. Parece ser que se les perdió a los rusos, pero no pude averiguar en qué ocasión. Si alguno de vosotros se encuentra por casualidad con el ruso que lo perdió, sed buenos, y decidle dónde está (en Aqaba, en las playas del sur, camino de Arabia Saudí). Lo reconoceréis porque estará cantando amargamente:

¿Dónde está mi tanque, matarile, rile, rile?
¿Dónde está mi tanque matarile, rilerón?

Y vosotros, que sois muy list@s, conoceréis de inmediato su lenguaje secreto y responderéis:

En el fondo del mar, matarile, rile, rile.
En el fondo del mar, matarile, rile, rilerón.
¡Chin pon!

tank-aqaba

* La cosa está mu malita, así que, a día de hoy 1 JOD equivale a 1 Euro aproximadamente.

Wadi Rum: un laberinto de colores

Los beduinos son una sociedad patriarcal de corte tradicional. La mujer se encarga de IMG_6450las tareas domésticas, incluido ir a buscar agua, hacer pan y tejer. El hombre, de proveer y defender su hogar. Hasta aquí, no muy diferentes de otras sociedades conservadoras occidentales.

Os mencionaba en otra entrada su código de honor que, curiosamente, es más complicado de lo que parece. Por lo visto, los hombres también corren el peligro de ser castigados por manchar el honor de una mujer. Daros una vuelta por esta noticiaen la que un beduino casi pierde la lengua por piropear a una mujer de otra tribu.

Moradores del desierto (bedu significa “nómada”), la necesidad les obliga a tener un código de supervivencia del desierto, de ahí su hospitalidad. Todo viajero es tratado como huésped al que se le ofrece lo mejor de la comida disponible, así como té y café sin medida. La lógica no es muy complicada: hoy eres tú el que pasas por mi casa pero mañana puedo ser yo el que pasa por la tuya. Gracias a esta hospitalidad mutua ha sido posible durante años atravesar el desierto con la esperanza de no perecer.

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Esta práctica se aplica igualmente con los turistas. La opción de explorar Wadi Rumde manera independiente no existe, con lo que es obligatorio contratar un tour. En camello, a pie, a caballo o 4×4 depende de ti, pero siempre acompañado de un guía. En cada parada del tour hay una tienda de campaña con un beduino que te ofrece té y café “gratis”. Entrecomillo gratis porque supongo que el precio ya viene incluido en el tour, y porque mientras bebes ves pasar delante de ti los diferentes productos que tienen expuestos en una mesa, con la esperanza de ser vendidos.

En la ceremonia del café tradicional beduinahay que beber tres tazas de café: una por el alma, otra por la espada, y otra porque eres su invitado. Esta ceremonia, sin embargo, no se respetó en ninguna de las tiendas donde hicimos las diferentes paradas. Supongo que para ahorrar costes. También porque éramos turistas, no huéspedes en el sentido estricto de la palabra (¿y qué sabemos los turistas de las costumbres y tradiciones beduinas?).

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En la ceremonia del café en Etiopíatambién hay que beber tres tazas (algo que se siguió a rajatabla en todas aquéllas a las que yo fui invitada). Aunque pregunté muchas veces, no conseguí averiguar el significado de cada una de ellas. Me pregunto si ambas ceremonias están relacionadas entre sí. En la etíope, además, se sirven palomitas de maíz con el café. Yo, que a preguntona no me gana nadie, pregunté en varias ocasiones la razón. Obtuve muchas respuestas diferentes pero las que me parecieron más creíbles fueron dos. La prime