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Músicas del mundo: Kinan Azmeh

Odio llegar tarde. No me gusta ni hacer ni que me hagan esperar. Con el cambio de culturas (diría que con el tiempo, pero no sería verdad) he aprendido a ser más paciente con los que llegan tarde. E incluso con los que nunca llegan. He aprendido, sobre todo, a no esperar. Y el camino no ha sido fácil. Sin embargo, todavía no me he acostumbrado a ser yo la que no llega a tiempo (porque, llegar, siempre llego; por lo menos hasta ahora). Sobre todo llegar tarde a una cita con una misma. Lo peor. No obstante, siento que en esta nueva etapa que acabo de comenzar llegaré tarde muchas veces; así que mejor no me esperéis.

Me debo la entrada de “Músicas del mundo” que debería haber publicado ayer. Están siendo unas semanas muy intensas y, para ser sincera, ni siquiera me había dado cuenta de que julio se acababa. Fue agosto quien me lo recordó. Los días pasan a una velocidad vertiginosa y yo, que estoy en baja forma, intento pedalear a su ritmo pero no consigo separarme del pelotón. Mientras tanto, intento empaparme de todas las sensaciones que me rodean.

Echoes from Syria

El Festival de Beiteddine me ofreció la oportunidad de disfrutar en directo de un artista para mí desconocido (Kinan Azmeh, clarinetista sirio) en un impresionante palacio de principios del siglo XIX en las montañas libanesas del Chouf. Del palacio espero poder hablaros en otra ocasión, cuando vuelva a visitarlo con la luz del sol. Mientras tanto, dejo que deis rienda suelta a vuestra imaginación. Cerrad los ojos mientras escucháis el vídeo. Es por la noche. La luna brilla, presumida, detrás del escenario. Vosotros estáis sentados en el patio de un imponente palacio oriental. El grupo de Kinan Azmeh, Ensemble Hewar, se encarga del resto.

“La música es el verdadero lenguaje universal.”
Carl Maria von Weber (1786-1826) Compositor alemán.

Músicas del mundo: el primer viernes de cada mes (o, por lo menos, se intenta).

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El pan de cada día

Tenía el alma en carne viva de dormir todas las noches encogida. Completamente anquilosada, abrió los ojos despacio. Dolorosamente despacio. Si se demoraba mucho más, se quedaría sin nada que llevarse a la boca. Hacía semanas que ya no se encontraba harina en el mercado y la cola que se formaba era cada vez más larga. A veces daba dos vueltas al vecindario. A veces, incluso más.

Vivía en un barrio tranquilo a pesar de que, en días nublados, podía respirarse el eco de las cenizas que las bombas levantaban a su paso. Caminaba sonámbula, fingiendo no sentir miedo, espantando los buenos recuerdos a manotazos. El ánimo le pesaba como si fuera de plomo y la esperanza le hacía daño en los oídos.

Llegó a la panadería con la media luna besándole la nuca. Se puso al final de la cola. Niños, ancianos, madres, padres, hermanos esperaban en silencio con el corazón gacho, acunados por la mujer del hijab verde que apretaba a su hija contra el pecho mientras le tarareaba una nana. Algunos se intercambiaban miradas por medias sonrisas.

De repente un trueno anunció la tormenta. Cientos de ojos se elevaron al cielo. El amanecer les escupió en la cara. Aquella mañana, el rocío tenía un regusto a metal. Una explosión de piernas pataleó en busca de cobijo. Los relámpagos se confundían con el grito desesperado de los hambrientos. Era una lluvia con dientes y uñas. Una lluvia con saña. Una lluvia caníbal.

Tres minutos más tarde, ella yacía en el suelo. El cuerpo anestesiado. La mirada fija en aullidos teñidos de rojo. Una lágrima se le clavó en la mejilla. Quiso secársela, pero no pudo. El granizo le había arrancado los brazos de cuajo. Con el último suspiro que le quedaba, dejó caer la cabeza a un lado y chilló hasta perder el conocimiento.

¿Quién dijo que todo está perdido?
yo vengo a ofrecer mi corazón,
tanta sangre que se llevó el río,
yo vengo a ofrecer mi corazón.

No será tan fácil, ya sé qué pasa,
no será tan simple como pensaba,
como abrir el pecho y sacar el alma,
una cuchillada del amor.

Luna de los pobres siempre abierta,
yo vengo a ofrecer mi corazón,
como un documento inalterable
yo vengo a ofrecer mi corazón.

Y uniré las puntas de un mismo lazo,
y me iré tranquilo, me iré despacio,
y te daré todo, y me darás algo,
algo que me alivie un poco más.

Cuando no haya nadie cerca o lejos,
yo vengo a ofrecer mi corazón.
cuando los satélites no alcancen,
yo vengo a ofrecer mi corazón.

Y hablo de países y de esperanzas,
hablo por la vida, hablo por la nada,
hablo de cambiar ésta, nuestra casa,
de cambiarla por cambiar, nomás.

¿Quién dijo que todo está perdido?
yo vengo a ofrecer mi corazón.

El Ejército gubernamental sirio bombardea panaderías en la provincia de Alepo
http://www.heraldo.es/noticias/internacional/2012/08/31/hrw_acusa_ejercito_sirio
_muerte_decenas_civiles_alepo_202185_306.html
http://www.hrw.org/news/2012/08/30/syria-government-attacking-bread-lines

En el fondo del mar (Aqaba)

IMG_7271– Si en Jordania hubiera más mujeres como vosotras, se acabaría la guerra en Siria.

Cretino, pensé. Bueno, en realidad lo que pensé fue “fucking idiot”. Mi compañera sonrió educadamente.

– Si os doy 20 JOD* – siguió con esa voz que sólo los imbéciles saben poner – ¿compraréis bocadillos y los repartiréis entre los refugiados? – hizo ademán de sacar su cartera.

– Me parece que las cosas no funcionan así – le contestó mi compañera con su dulce voz y sonrisa de caramelo. Yo le hubiera mandado a la mierda, que es donde los imbéciles como él deberían estar. Pero es que yo tengo menos clase.

– La guerra es una cosa horrible – insistió con voz teatral. – ¡Ojalá que Assad quite pronto el poder!

– Ojalá que se muera pronto – dije yo. Me salió sin pensar. AIMG_7323veces me pasa, digo cosas sin filtrarlas primero mentalmente. No sé de dónde vienen. Sólo que salen por mi boca como un eructo. Irremediablemente. Y con brutalidad.

– ¡Oh, no! ¡No digas eso! – dijo el cretino.

– ¿Por qué no? – le pregunté muy seria. Había que mantener el tipo hasta el final. – En lo que a mí respecta, en Siria hay una guerra y en las guerras, por desgracia, muere gente. Hubo una época en que los muertos eran soldados. Las guerras de hoy día, sin embargo, se ceban con los civiles. Si decenas de miles de civiles están muriendo por culpa de Assad, ¿por qué no él? Al fin y al cabo, se le puede considerar un soldado.

Me quedé con las ganas de decirle que se metiera sus 20 JOD por donde amargan los pepinos. En Jordania cruzan la frontera una media de 1.000 refugiados diarios. ¿A cuántos refugiados pretendía alimentar con sus míseros 20 JOD?

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Conseguí escandalizar a mi compañera durante un buen rato y que el cretino no volviera a dirigirme la palabra en lo que quedaba de día (¡ay, qué pena más grande!). Y a mí dolió pagarle una fortuna por un tour timo a los corales de Aqaba. El muy sinvergüenza nos montó en un barco donde tardamos una hora en llegar a la misma playa en la que habíamos estado el día anterior, a diez minutos en coche. No sólo era un imbécil sino que además nos trataba como sus semejantes. No hay cosa que más me joda. Que me timen. Es una cuestión de orgullo, aunque no tenga ninguno.

Veo, veo
¿Qué ves?
Una cosita

Desde que me saqué el título de submarinista hace algo más de diez años en Sídney, para ir a la Gran Barrera de Coral, no he viajado mucho por las profundidades del mar; por lo que no tengo mucha experiencia en lo que a vida marina se refiere. En las contadas ocasiones en que he vencido mis miedos y me he aventurado en el fondo del mar, he visto corales de mil colores, rayas, tortugas, pezqueñines, pezquegrandes (incluidos tiburones de arrecife, que no muerden, pero que a mí me siguen infundiendo respeto), la familia de Nemo, Sebastián, “concordias”, latas de coca-cola, zapatos, paquetes de tabaco, bolsas de plástico… Lo típico.

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¿Y qué cosita es?
Empieza por la “t”
¿Qué será? ¿Qué será? ¿Qué será?
¡Tanque!

Sí, con esa misma cara me quedé yo cuando lo vi. Parece ser que se les perdió a los rusos, pero no pude averiguar en qué ocasión. Si alguno de vosotros se encuentra por casualidad con el ruso que lo perdió, sed buenos, y decidle dónde está (en Aqaba, en las playas del sur, camino de Arabia Saudí). Lo reconoceréis porque estará cantando amargamente:

¿Dónde está mi tanque, matarile, rile, rile?
¿Dónde está mi tanque matarile, rilerón?

Y vosotros, que sois muy list@s, conoceréis de inmediato su lenguaje secreto y responderéis:

En el fondo del mar, matarile, rile, rile.
En el fondo del mar, matarile, rile, rilerón.
¡Chin pon!

tank-aqaba

* La cosa está mu malita, así que, a día de hoy 1 JOD equivale a 1 Euro aproximadamente.