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Músicas del mundo: Oday Khatib

Hasta diez años de prisión por tirar una piedra. Hasta diez años de prisión por tirar una piedra a un soldado.  Hasta diez años de prisión por tirar una piedra a un soldado con casco. Hasta diez años de prisión por tirar una piedra a un soldado con casco y probablemente escudo. Hasta diez años de prisión por tirar una piedra a un soldado con casco y probablemente escudo, y de nacionalidad israelí.

oday khatib

Oday Khatib, cantante palestino comprometido con la causa, es más conocido por sus canciones de protesta que por tirar piedras. Vive (vivía) en Al-Fawwar, un campo de refugiados cerca de Hebrón, rodeado de asentamientos israelíes, como la mayoría de los pueblos y ciudades palestinos. Este campo de refugiados está en medio de la zona C, que ocupa 60% de Cisjordania y está bajo control militar israelí absoluto; entre otras razones para proteger a los colonos israelíes, que ocupan tierras palestinas de forma ilegal y en contra del derecho internacional.

Durante generaciones tirar piedras al ejército de ocupación ha sido una manera de intentar echarlo de unas tierras que no le pertenecen. Tirar piedras fue la mayor forma de defensa durante la primera Intifada, obligando a los lideres israelís a sentarse a negociar. Tirar piedras es una de las principales formas de resistencia ejercidas tras 47 años de ocupación.

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Oday Khatib fue detenido el 19 de marzo bajo dudosas circunstancias. Hay 4.713 palestinos detenidos en prisiones israelíes  incluyendo aquellos que se encuentran detenidos bajo “detención administrativa”, que permite a Israel arrestar y detener palestinos indefinidamente sin cargos. Una vez detenido, la probabilidad de que te declaren inocente es de 1 entre 400.

A mí me da igual si Oday Khatib tiró o no tiró una piedra. Lo que me importa es que exista un lugar en el mundo donde se pueda detener a alguien sospechoso de tirar una piedra a un soldado y condenarlo hasta diez años de prisión. Un lugar donde no existe libertad de movimientos. Un lugar donde se está sujeto a represión militar. Un lugar donde se puede ser cacheado al azar y sin motivo. Un lugar donde hay que esquivar balas perdidas. Un lugar donde eres refugiado en tu propia tierra.

Hasta las narices de tanta represión.

Pd. Hoy músicas del mundo no trae vídeo porque no he conseguido encontrar ninguno, pero no podía dejar de compartir esta historia con vosotros, aunque yo tampoco sepa a qué sabe su música.

Pd2. Una cabeza sembrada encontró este vídeo donde se ve y escucha a Oday Khatib. Mil gracias!

“La música es el verdadero lenguaje universal.”
Carl Maria von Weber (1786-1826) Compositor alemán.

Músicas del mundo: el segundo y cuarto viernes de cada mes.

Tío Nashaat

Cuando un fantasma te persigue tienes dos opciones: meterte debajo de las sábanas y cerrar los ojos, o salir a su encuentro y plantarle cara. Aseel se encuentra un día con el suyo particular: las circunstancias que envolvieron la muerte de su tío Nashaat, mártir por la causa palestina, en el año 1982, cuando él tenía 5 años de edad. En un viaje hacia sí mismo, Aseel emprende el camino hacia la verdad, que toma diferentes formas dependiendo de las bocas que la modelan. Al final del documental, el tío Nashaat se convierte en un mártir por partida triple, porque su condición de mártir no es puesta en duda en ningún momento.

Sin embargo, a mí lo que me más llamó la atención desde el principio fue la figura del padre de Aseel, que opina que es mejor morir asesinado que de leucemia (hasta la muerte tiene categorías). El documental se cierra con más preguntas que respuestas. ¿Cuál era la relación del padre de Aseel con el tío Nashaat, su hermano? Nos cuenta que tenían una relación muy estrecha y que su padre lo consideraba “el único” (“the one”), pero nos dejan con la miel en los labios. ¿Hasta qué punto estaba involucrado su padre con la lucha anti-israelí de su hermano? ¿Por qué ese cambio brusco de personalidad después de la muerte de su hermano? ¿Por qué, 20 años después de su muerte, todavía se niega a admitir que Nasaat se fue para no volver? ¿Por qué cuando Aseel investiga sobre la muerte de su tío Nasaat, el nombre de su padre aparece en muchas conversaciones? ¿Por qué desaparece (emocionalmente hablando) de la vida de su hijo Aseel, con sólo 5 años, a raíz de la muerte de su hermano? ¿Estaba quizás transfiriendo sentimientos de hermano a hijo? Varias veces se menciona que Aseel se parece mucho a su tío. ¿Por qué su padre decide rencarnarse en él mismo, para convertirse en otro padre, tras el accidente de coche de Aseel? ¿El miedo le arañó las entrañas al ver que casi pierde también a Assel? ¿Se dio quizás cuenta de que ya lo había perdido y que no quería perderlo otra vez? ¿Hay un motivo, aparte de la avaricia, por el que sus propios hermanos le han robado sus tierras?

La enorme sala de cine, con diez asientos ocupados, se me antojó una metáfora de lo que acababa de ver. Me quedé con el sabor de los asientos vacíos, uno por cada pregunta insinuada al aire. Me dio la impresión de que Assel perdió una oportunidad única para explorar la relación con su padre. Para decirle adiós de una vez a todos sus fantasmas. O quizás no. Quizás hace tiempo que los fantasmas se marcharon y esa conversación sí tuvo lugar; pero esta vez le dijo la verdad a su padre y la cámara estaba realmente acabada.

Uncle Nashaat
2011
Dirigida por Aseel Mansour, director palestino-jordano nacido en Bagdad en 1977. Se trasladó a Amán en 1991.  En el 2004 ganó en Jordania el premio al Mejor Director del Año por su película “Alert Guns”. En el 2006 obtuvo el Premio Mención Especial de Cine Árabe por su cortometraje “Little Feet”.

Si la puerta de mi casa hablara…

… os invitaría a entrar.

Me encontré con este libro por casualidad, en una estantería olvidada de nuestra oficina del Líbano. Es una iniciativa de la ONG Premier Urgence. Recoge 12 textos poéticos escritos por niños palestinos del campo de refugiados Ain El Helwé, al sur del país. Lo escribieron durante talleres de escritura, supongo que organizados con motivo de arte-terapias.

Todos los textos me dieron un pellizco al corazón pero, con éste, el pellizco fue más intenso:

“Mi padre tomó esta foto a finales de julio de 2006 después del último ataque israelí.
Esta es la foto de la casa donde yo vivía con mi familia.
Esta es la foto de la casa donde yo jugaba con mis amigos.
Esta es la foto de la casa donde viví durante mi infancia.
En esta casa están mi habitación, mis cosas, mis juguetes y mis fotos.
En esta casa estaban mi habitación, mis cosas, mis juguetes y mis fotos.”

Esta es la foto que acompañaba el texto:

Hace un rato los medios de comunicación estimaban que habían muerto 225 niños palestinos en los ataques israelíes a Gaza de los últimos días, sumados a otros centenares que pierden la vida en otros puntos del planeta.

Con esta entrada sólo quiero recordar a los millones de niños en todo el mundo cuyas vidas se han visto truncadas por culpa de la guerra. A los que han muerto. A los que han sido heridos y/o sufren una minusvalía como consecuencia. A los que se han quedado sin hogar. A los que se han quedado huérfanos o han sido separados de sus familias. A los que siguen traumatizados. A los que han sido violados. O enrolados en el ejército. A los que no pueden ir a la escuela. A los que tienen pesadillas. A los que han perdido la sonrisa.

Día Internacional de la Infancia

– Papá, ¿cómo pueden soldados que se matan unos a otros resolver los problemas del mundo?


– Creo que los mayores actúan como si supieran lo que hacen.

Una vida menos

Jean-Pierre Filiu no es un cualquiera. Diplomático retirado, ejerce de catedrático en la Universidad de Ciencias Sociales de París (una de las más prestigiosas en su campo, para el que todavía tenga dudas). Está especializado en el mundo islámico contemporáneo, concretamente en movimientos yihadistas y Al-Qaeda. Para mí, un experto en el mundo islámico que no habla árabe pierde automáticamente un trozo de credibilidad, proporcional a todo lo que se pierde en la  traducción de documentos y en la ausencia de ella. No es el caso de Jean-Pierre Filiu, que imparte sus clases en francés, inglés y árabe. Fue uno de los primeros autores en publicar sobre la primavera árabe (La Révolution arabe: Dix leçons sur le soulèvement démocratique, 2011), hace unos meses salió a la venta su Historia de Gaza (Histoire de Gaza, 2012) y recientemente ha sido objeto de polémica por escribir la letra de la canción Una vida menos (Une vie de moins) del grupo francés Zebda.

A Zebda los conocí en Toulouse, de donde son originarios, durante mi primer año en el extranjero como estudiante Erasmus. Por aquel entonces, su canción Tomber la chemise nos la suministraban todos los bares, fiestas y emisoras de radio por vía intravenosa. Te gustara o no. Con el estímulo necesario, hacia el final de la canción más de un borracho (sospechosamente siempre los mismos) se movía de una forma divertida completamente topless, supongo que con la intención de añadirle un punto de pimienta a la coreografía. Te gustaran las vistas o no. Antes de marcharme del país, un amigo tolosano me regaló el álbum que contenía esa canción, la única que yo escucharía de vez en cuando, durante aquellos ratos en los que la nostalgia por la ciudad rosa me pillaba con la guardia baja.

No he seguido la evolución de este grupo, pero siempre que me cruzo con ellos una media sonrisa me viene a los labios, dibujada por el recuerdo de un año duro y gratificante a partes iguales. Hoy la sonrisa me la perfila el contenido político de su último single, que habla de la vida en Gaza vista por un chico nacido y crecido allí,  cuyo territorio sufre el bloqueo israelí desde 2007. Los judíos se han echado las manos a la cabeza, alegando que esta canción va contra el pueblo judío. Es una lástima que ellos mismos se dejen secuestrar por las políticas israelíes, y no tengan el suficiente espíritu crítico (o puede que sí) como para darse cuenta de que Israel sólo tiene de judío el nombre.

¿O la invasión del Líbano del ejército israelí en 1982, la represión por la fuerza de las intifadas o el ataque contra el Líbano en 2006 están en línea con los valores del judaísmo? ¿Defiende Israel el valor superior de la vida humana cuando utiliza la tortura a gran escala? ¿Realmente todos los judíos del mundo, o los que viven en Israel, quieren identificarse con un estado cruel y sanguinario como Israel? Quiero pensar que no. Por eso me parece una pena que hoy día los mismos judíos se sumen al error (¿intencionado?) de equiparar las denuncias contra las políticas del estado israelí con el anti-semitismo.

Gaza es uno de los muchos conflictos a nivel mundial que no reciben la merecida cobertura mediática. Por lo tanto, cualquier intento por recordarnos la terrible situación en la que vive el pueblo palestino es bienvenido. Este es mi mensaje: no dejemos que Gaza caiga en el olvido.

Escuchad la canción y difundidla.

Una vida menos (une vie de moins), Zebda (subtitulada en español)

Hasta que la muerte nos vuelva a juntar

Dicen que la magia tiene truco, pero yo no acabo de creérmelo. Cuando llegué a la Royal Film Commission y entré, sin esperármelo, en aquel anfiteatro al aire libre, con unas Untitled-11magníficas vistas al casco viejo de Amán, y con la Ciudadela brillando al fondo, supe que aquella magia era real.

Encontré un sitio privilegiado para ver la película Habibi, parte del Festival de cine Franco-árabe que se celebra todos los años en la capital. Ya había oscurecido y una brisa fresca nos acariciaba el pelo, haciéndonos olvidar el calor que habíamos pasado unas horas antes. Mis ojos se debatían entre las imágenes de la película, los subtítulos a toda velocidad y el telón de fondo. En un momento, durante la proyección, pude divisar, a lo lejos, unos fuegos artificiales mudos. La magia existe. Yo la sentí en mi piel aquella noche de verano.

Habibi es el primer largometraje que se ha rodado en su totalidad en Gaza eimagesn los últimos 15 años. Cuenta la historia del amor imposible entre dos palestinos, cuya tradición les impide estar juntos en su propia tierra.

Lo interesante de esta película no es sólo lo que cuenta sino lo que muestra: la realidad cotidiana de los palestinos que viven en Gaza. La ocupación israelí. Las balas perdidas. El muro de la vergüenza. La represión. El abuso. La desesperanza. El embargo. El rechazo a los americanos. La falta de movilidad incluso en territorio palestino (entre Gaza y Cisjordania). El peso de las normas sociales que se añade al yugo israelí. La discriminación. La resistencia. El fundamentalismo. La traición. La diferencia de género. Hamas. El pic_16sinsentido de la vida. Los sueños rotos.

Qays no tiene derecho a amar a Layla porque no es lo suficientemente bueno para ella. Como le dice al padre cuando va a pedirle la mano de su hija: ¿No tenemos bastante con la ocupación? ¿Tenemos los palestinos que hacernos la existencia aún más difícil? Pero el padre lo echa furioso a la calle. No quiere que un refugiado se case con su hija. Qays no se rinde. Se niega a perder la esperanza de tener un futuro. Todavía no. Y lucha con lo único que le queda: la poesía.

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“La poesía es un arma cargada de futuro”, – decía nuestro Celaya.

Una atea en Jerusalén (III)

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Al día siguiente me levanté temprano. Me dije que estar en Jerusalén y no ir al Monte del Templo probablemente no tiene perdón. Los no musulmanes sólo pueden acceder a ella por una única puerta situada en el lateral del Muro de las Lamentaciones. Después de hacer cola durante una hora, me marché. Cerrarían la entrada de la Explanada de las Mezquita en unos cuarenta y cinco minutos y yo me había movido menos de diez metros en todo el tiempo que había estado esperando. Y gracias a que un grupo de españoles que estaba delante de mí se había ido para celebrar una misa.

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Cambié la cúpula por otra visita al barrio judío, en la que pude darme cuenta de que aún me había quedado mucho por ver el día anterior. Curioseé unas sinagogas sefardíes, atravesé el Cardo, hice algunas fotos y me apresuré a buscar la terraza que la guía IMG_5401recomendaba. Tenía que darme prisa. Volvería a Amán con un compañero de trabajo de la oficina de Ramala y sólo tenía hasta la una y media.

Para mi sorpresa, encontré la terraza a la primera. Recorrer los tejados de algunas casas, volver a divisar la Cúpula de la Roca entre parabólicas, y asomarme por los respiraderos para ver el mercado, con sus compradores y con sus vendedores, desde lo alto, me hipnotizó. Odio a la gente pero me encanta observarla a escondidas. Aunque no me considero cotilla sí creo que soy un poco “voyeuse”. Podría pasar horas viendo la gente pasar. A veces me invento historias sobre ellos. Igual algún día os cuento alguna. Me hubiera quedado en aquella terraza todo el día pero era el momento de volver.

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Había quedado con mi compañera de trabajo en el Muro de las Lamentaciones para darle la guía. Tenía buenas noticias. Mi compañero, con el que me encontraría en la frontera jordana, había llamado para decir que no saldría hasta por la tarde. Aún me quedaban algunas horas más para disfrutar Jerusalén. Ellos llevaban un rato haciendo cola para ver el dichoso Monte del Templo por lo que me uní a ellos. Al mediodía sólo abren durante una hora así que si no pasábamos en la primera media hora no nos daría tiempo a ver nada.

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Pasamos. Tuvimos la suerte de pasar. Y allí estaba la Cúpula de la Roca, símbolo de Jerusalén, esperando a que nos hiciéramos una foto con ella. El templo es en realidad una mezquita, por lo que no pudimos entrar. Tuvimos que conformarnos con admirar los mosaicos y versos del Corán que la decoran desde fuera. La explanada donde está ubicada es un sitio sagrado para las religiones cristiana, musulmana y judía. Para la fe judía, representa el sitio bíblico donde Abraham se preparó para sacrificar a su hijo. Para ellos este monte es el sitio más sagrado de la tierra. De hecho, la ley Tora les tiene prohibida la entrada al lugar. Carteles colgados en los diferentes accesos a la explanada les advierte de ello. Los cristianos dicen que este monte es donde se construyó la Iglesia de la Sagrada Sabiduría. La tradición islámica, por último, cuenta que desde allí Mahoma subió al cielo (miraj).

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Personalmente, lo que más me gustó del lugar fue el ambiente familiar que allí se respiraba. Madres paseando a sus hijos, niños jugando al fútbol, corros de adolescentes riendo… De alguna manera le quitaban solemnidad a aquel edificio cuyas paredes tienen que soportar el peso de tres tradiciones religiosas diferentes.

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Dicen que la cúpula original murió un día derretida para pagar la deuda de algún califa. También dicen que fue el rey Hussein de Jordania quien pagó por la de IMG_5504hoy día. Los 80 kg de oro le costaron 8,2 millones de dólares americanos. El pobre tuvo que vender una de sus casas en Londres para poder pagarla. Sin comentarios.

Nos echaron del recinto justo cuando yo ya debía estar pensando en irme para coger el autobús que me llevaría hasta el paso fronterizo. De camino hasta la puerta de Herodes, respiré profundamente los olores a represión, kebab e incienso una vez más. Llegué donde se suponía que salía el autobús. Una señora mayor me confirmó lo que desde el día anterior había observado: los hombres tienen el monopolio de los puestos del mercado; a las mujeres sólo les queda encontrarse un trozo de suelo donde extender la manta y vender sus verduras. Igual que en el Chad.

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Estuve dando vueltas durante más de una hora; preguntando desde dónde salía aquel autobús misterioso del que nadie había oído hablar. No tenía ni mapa ni saldo en el teléfono. IMG_5544Sólo la buena voluntad de los transeúntes. La primera alma caritativa me dijo que los autobuses habían terminado al mediodía y me dio la dirección de otra compañía de autobuses. La segunda alma caritativa me acompañó hasta la misma puerta de la compañía, que estaba cerrada, e insistió en venir conmigo hasta el mismo punto donde yo había empezado mi búsqueda. Al fin y al cabo no tenía prisa. Estaba esperando a que viniera su novio a recogerla para llevarla al hospital. Acababan de operar a su hermana.

Todo el dinero que había ahorrado en alojamiento y entrada gratuita a sitios de interés lo pagué por duplicado para que un taxi me llevara hasta la frontera. Y llegué. A las cinco y media en punto, tal y como había quedado con mi compañero de trabajo, que llegó una hora tarde por culpa de ser palestino…

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Una atea en Jerusalén (II)

La antigua ciudad de Jerusalén está amurallada y se puede acceder a ella por varias puertas. Yo entré por la Puerta de Damasco, que orgullosamente reconocí la otra noche en una escena de la película Pollo con ciruelas. Los puestos del mercado del sábado la vestían de personalidad, algo de lo que no me di cuenta hasta el día siguiente, cuando la vi triste y sola.

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Por esa puerta se accede directamente al souk, o mercado, que como sábado que se precie estaba abarrotado de gente. Que nadie se lo tome a mal por lo que voy a escribir, pero yo odio a la gente. No a la gente individual sino a la gente en multitudes. No soporto que me priven de mi espacio personal. Me agobia no poder andar a mi ritmo y me molesta que me empujen para abrirse paso.

Mi primera impresión de Jerusalén fue de lucha libre, lucha que tendría lugar a cada encuentro con un grupo (des)IMG_5231organizado, de esos que se sienten con más derecho que tú a visitar la ciudad. Realmente los odio. Como los odié en Praga. ¡Malditos turistas! Pero lo que más me jode de todo es que yo soy una de ellos, lo que me quita el derecho a quejarme. Aunque me queje.

Cada barrio de Jerusalén tiene un olor característico. El cristiano huele a incienso. Si abres las ventanas de tu nariz el olor te llevará hasta la Iglesia del Santo Sepulcro, donde se supone que tuvo lugar el calvario. Ya sabes, donde Jesús fue crucificado y ascendió a los cielos. Me pensé dos veces si entrar o no. No me apetecía saltar a un ring de boxeo. Al final decidí ponerme los guantes y subir la guardia. No me impresionó ver a tanta gente arrodillada, llorando y besando el sitio donde supuestamente el cuerpo inerte de Jesús yació al bajarlo de la cruz. Los miré con curiosidad. Y con respeto. Le di una vuelta a la iglesia y seguí mi camino.

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Como siempre, no llegué al lugar que buscaba, lo que confirma mi teoría de que hay que pasar como mínimo dos días en un sitio: uno para perderse y otro para encontrarse. Como siempre, tiré la toalla y decidí caminar sin rumbo fijo. El olor a inciensoIMG_5279 se convirtió en olor a kebab. Había llegado al barrio musulmán. Levanté la vista y mis pupilas se encontraron con la Cúpula de la Roca. Mis ojos dejaron de parpadear para disfrutarla. No sabía si tendría tiempo de verla al día siguiente. Abre sólo unas horas al día y la competencia es feroz.

Seguí vagabundeando y el olor a kebab se convirtió en olor a represión. Control de seguridad, como en los aeropuertos, y un túnel que me condujo al barrio judío. Había llegado al Muro de las Lamentaciones, el lugar de culto más importante de la religión judía. De cerca pueden apreciarse los trozos de papel que los devotos meten entre sus grietas. Se cree que las plegarias que se insertan aquí tienen más posibilidades de ser escuchadas.

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Empezaba a anochecer, así que salí por una antipática puerta de metal giratoria de un solo sentido, saboreé un trozo del barrio judío que me condujo hasta un mirador desde donde tuve otra aparición inesperada de la cúpula dorada, y volví a casa.

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