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El dilema de mi amiga Bernarda

BisexualidadMi amiga Bernarda en realidad no se llama Bernarda; aunque eso ahora carece de importancia. Mi amiga Bernarda es libanesa, lleva hijab y se identifica como bisexual. El hermano de mi amiga Bernarda es homosexual. Ella lo sabe aunque él no se lo haya dicho. El hermano de mi amiga Bernarda sabe que su hermana es bisexual. El lo sabe aunque ella nunca se lo haya dicho. Los padres de mi amiga Bernarda no saben nada de nada porque nunca nadie se lo ha confesado. Mi amiga Bernarda está enamorada de una mujer desde hace varios años y prometida con un hombre desde hace pocos meses. Mi amiga Bernarda quiere casarse y tener hijos, pero no quiere renunciar a su novia. Mi amiga Bernarda pretende que su novia acepte la situación. Mi amiga Bernarda me pide opinión. Le digo que si se casa, tarde o temprano, tendrá que elegir. Que es una egoísta. Que no tiene derecho a pedirle a nadie algo así. Los bisexual1ojos de mi amiga Bernarda se llenan de lágrimas y me ruega que no la llame egoísta. No entiende por qué no puede tenerlo todo. Por qué su novia está deprimida y no quiere verla. Mi amiga Bernarda dice que no puede concebir la vida sin ella. Que su novia es la razón de su existencia. Pero que quiere casarse y tener hijos. Mi amiga Bernarda también está deprimida. Me lo confiesa entre risas y lágrimas que no van a ninguna parte, mientras me suplica que hable con su novia para convencerla de seguir con ella cuando mi amiga Bernarda se case dentro de unos meses.

Pero yo no puedo.

No puedo pedirle a nadie que haga algo que yo misma no estaría dispuesta a hacer.

Y  me guardo debajo de la lengua las ganas de explorar las posibles soluciones que tendría su problema.

Para no hacerla llorar.

(c) Fotos cortesía de la web

Alison Bechdel: la tragicomedia de su vida

funhome3“Fun home cuenta la historia de cómo mi padre, que vivió ocultando su homosexualidad, se suicida unos meses después de que yo saliera del armario y les dijera a mis padres que era lesbiana.” – Alison Bechdel

Así describió la autora su primera novela gráfica, Fun home: una familia tragicómica, publicada en 2006, en la conferencia anual Paumanoken de la Universidad de Long Island. Un resumen tristemente simplificado e injusto. Porque aunque la historia cuenta la muerte de su padre (¿realmente fue un suicidio?), que era homosexual, y la salida del armario de la autora; esto es sólo un detalle más de una autobiografía que narra la historia de una familia compleja donde las dinámicas padre-hija-madre-hija-marido-mujer se ven fuertemente marcadas por la doble vida del padre (consecuencia directa de la renuncia de su orientación sexual).

- Necesitas un collar de perlas. - ¡Ni hablar! - ¿De qué tienes miedo? ¿De estar guapa? ¡Póntelo! ¡Maldita sea! -¡Déjame en paz!

– Necesitas un collar de perlas.
– ¡Ni hablar!
– ¿De qué tienes miedo? ¿De estar guapa? ¡Póntelo! ¡Maldita sea!
-¡Déjame en paz!

Y la frustración de la madre (que murió en mayo de este año).

Puede que le gustara el poema porque su juxtaposición de la catástrofe con un interior de felpa resume la vida con mi padre en pocas palabras. - La muerte de papa no fue una nueva catástrofe sino una vieja que se fue desencadenando poco a poco durante mucho tiempo.

Puede que le gustara el poema porque la juxtaposición que muestra entre la catástrofe y un interior de felpa resume la vida con mi padre en pocas palabras.
– La muerte de papá no fue una nueva catástrofe sino una vieja que se fue desencadenando poco a poco durante mucho tiempo.

La frialdad de ambos progenitores hacia sus hijos, el padre porque nunca quiso tenerlos y la madre porque quizás esté transfiriendo a sus hijos los sentimientos que siente hacia su marido.

Mi madre debió bañarme cientos de veces, pero es a mi padre aclarándome con la taza púrpura de metal a quien recuerdo mejor.
El calor del agua mientras resbalaba por mi piel.
El repentino frío insoportable de su… ¿Fue un buen padre? Quiero pensar que sí.

La falta de cariño que empaña los cristales del hogar.

fun_homeTemas que volverán a aparecer en su segunda novela gráfica, ¿Eres mi madre?, publicada en 2012, donde se centra en la relación con su madre.

Cuando mi madre dejó de darme un beso de buenas noches de repente, me sentí como si me hubiera abofeteado. -Buenas noches. Pero yo era estoica. Y me negué a reaccionar.  - Buenas noches. Si siete años era ser demasiado mayor, yo lo era.

Cuando mi madre dejó de darme un beso de buenas noches de repente, me sentí como si me hubiera abofeteado.
-Buenas noches.
Pero yo era estoica. Y me negué a reaccionar.
– Buenas noches.
Si siete años era ser demasiado mayor, yo lo era.

La necesidad de sentirse aceptada.

- No entiendo por qué estás siempre tan pálida. Parece que estás enferma. A los ocho anos, empecé a robarle a mamá su colorete.

– No entiendo por qué estás siempre tan pálida. Parece que estás enferma.
A los ocho años, empecé a robarle a mamá su colorete.

Y lo difícil que fue escribir su primera novela.

... Mi miedo a que mi madre encontrara estas memorias sobre ella "enfadadas". Otra dificultad añadida fue el hecho de que la historia entre mi madre y yo se iba descubriendo conforme las escribía. - ¿Viste el articulo del hijo de Mendelsohn sobre Memoria en el The New Yorker? - Mmm... no. - Está bien. ¿No fue ese quien te quitó aquel premio? - Mmm... sí.

… Mi miedo a que mi madre encontrara estas memorias sobre ella “enfadadas”. Otra dificultad añadida fue el hecho de que la historia entre mi madre y yo se iba revelando conforme la escribía.
– ¿Viste el artículo del hijo de Mendelsohn sobre Memoria en el New Yorker?
– Mmm… no.
– Está bien. ¿No fue ése quien te quitó aquel premio?
– Mmm… sí.

Dos novelas estrechamente relacionadas entre sí, escritas con ingenio y sarcasmo, que pueden leerse por separado y en cualquier orden. De un tirón, o saborearlas despacio. ¡Quién me iba a decir a mí cuando era una adolescente idiota que menospreciaba los cómics, que me iba a hacer fan de las novelas gráficas, y que iba a encontrar buena literatura en ellas!

Y me niego a dejar marchar ese último, tenue vínculo.

Y me niego a dejar marchar ese último, ligero vínculo.

PD. Traducción libre de una servidora.

De hoy, no pasa

De hoy, no pasa, se impuso a sí misma. Y los grados de alcohol que corrían de más por sus venas llegaron hasta la punta de sus dedos y marcaron el número de su madre.

–          Hola mamá.

–          Hola cariño, ¿todo bien?

Igual debería haber llamado a horas menos intempestivas, pensó en un microsegundo de lucidez. Lo mejor en estos casos es tomar carrerilla y soltarlo todo de un tirón.

–          Todo bien. Sólo llamaba para decirte una cosa… Como el fin de semana pasado os habíais alegrado tanto por la hermana… Yo también quería deciros que llevo un año saliendo con alguien.

–          ¡Qué callado te lo tenías!

–          Sí… bueno… es que no me atrevía a decíroslo porque no sabía cómo os lo ibais a tomar…

Su corazón levantó el vuelo al tiempo que apretaba la mano de su novia para evitar la sensación de vértigo que, de pronto, la invadía.

–          ¿Por qué? ¡¿Es que estás saliendo con un negro?!

Sophia Wallace

17 mayo: Día Internacional contra la Homofobia y la Transfobia

Historia basada en un hecho real.
Foto (c) Sophia Wallace

Premios literarios “Entre el olvido y la memoria”

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El pasado Día del Libro, nuestro querido Miguel estrenó la I Edición de unos premios literarios que comparten nombre con su blog: Entre el olvido y la memoria. Y tuvo el detallazo de concederme uno de ellos en la categoría “la tía más plasta” “Cuaderno de viaje”. Lo que hace especial este premio es que viene sin cadena lo ha creado él y se ha molestado en formar un jurado y todo. Mil gracias de nuevo.

En la gala de entrega no se nos dejó ser receptores pasivos del premio, y se nos invitó a recomendar un libro que mereciera ser recomendado. Llevo una racha tirando a pésima en lo que a lecturas se refiere, así que me ha llevado unos días desperezar las neuronas para que desempolvaran alguno de los libros que disfruté en su día. Me vinieron unos cuantos a la cabeza, todos muy intelectuales, pero he decidido dejar a un lado la cultura y hacer un poco de proselitismo inofensivo.

world unseenParece ser que “The World Unseen”, de Shamim Sarif, no está traducido al español. Le he preguntado a Amazon España y me dice que tienen el libro original en versión Kindle, pero ni rastro de una posible traducción. Lo siento por los que no leéis inglés. Se hizo una película basada en este libro pero no la recomiendo. Me pareció una verdadera castaña pilonga.

“The World Unseen” está ambientado en Sudáfrica en los años 1950, durante el recién instaurado régimen del apartheid. Amina es una mujer que vive descartada de las normas sociales que le imponen, por un lado, la comunidad india a la que pertenece y, por otro, la sociedad racista que le ha tocado vivir. Desafía sus tradiciones llevando una vida independiente y no ocultando su orientación sexual. Y le hace un corte de mangas ficticio al gobierno racista que se acaba de instaurar en Sudáfrica abriendo un negocio junto con un socio negro. Miriam es la mujer casada y con hijos de la que Amina se enamora.

Lo que me gustó de este libro es que no es una historia de lesbianas. Los sentimientos que ambas van experimentando por la otra forman parte de la historia, pero no son la historia. Se habla del contexto político de aquella época en Sudáfrica, de historias de amor entre blancos y negros, de blancos que ayudan a negros y viceversa, de represión, de frustración, de odio. Es un libro de prosa ligera, a pesar de que lo que cuente no lo sea tanto. Es una pena que la película sólo muestre la historia de amor entre las dos mujeres y deje a un lado los muchos matices y otras historias que el libro sabe hilvanar tan bien.

Puede que “The World Unseen” no sea una obra literaria (aunque se haya llevado un par de premios), pero una de las cosas que hace muy bien es integrar una historia de amor entre dos mujeres de una manera natural, con unos personajes muy creíbles y un final totalmente realista. Si tenéis un par de ratos y el idioma no os lo impide, dedicadlos a leer este libro. Y si eres hetero, no te preocupes, que este libro no tiene efectos secundarios, y leerlo no te convertirá en homosexual. Clínicamente probado.

Venga, vale, soy lesbiana, y ¿qué?

Jodie Foster salió del armario en la ceremonia de los Globo de Oro el pasado domingo. La prensa LGBT se volvió loca aplaudiendo algo que ya decían saber. Todo el mundo alabó su discurso. Sin embargo, nadie habló de lo triste que es que en los tiempos que corren alguien tenga todavía que hablar públicamente de sus preferencias sexuales. Por supuesto que el colectivo LGBT necesita más visibilidad y actos como éste sólo ayudan a la integración y, por lo tanto, aceptación, sociocultural. Por supuesto que los jóvenes de hoy día necesitan modelos en los que sentirse identificados para que la sociedad no les haga sentirse como un bicho raro. No obstante, yo sueño con el día en que a la gente le importe un rábano con quién compartes cama. Sueño con el día en que dejen de juzgarte, intimidarte, pegarte, violarte o incluso matarte, por ello. Porque da igual. Porque el hecho de sentirse atraído por personas de tu mismo sexo no te hace ni mejor ni peor. Ni siquiera diferente. Y hasta que ese día no llegue, no habremos conseguido la igualdad.

¿Alguien ha visto alguna vez a un heterosexual declarar su orientación sexual públicamente? Pues eso.

LGBT: lesbianas, gays, bisexuales y transexuales

Mamá, mi novia me pega

Hace tiempo leí un libro de Juan José Millás que contenía un relato sobre un hombre que un día se mete en su propio armario y descubre que todos los armarios de la ciudad están conectados entre sí. El protagonista nunca encuentra el camino de vuelta y se queda atrapado para siempre en un laberinto infinito de armarios. Se me antoja que esta metáfora de los armarios bien puede ilustrar el problema al que se enfrentan muchas mujeres que se encuentran en relaciones sentimentales con otras mujeres y que, además, son víctimas de violencia de género por sus parejas, también mujeres.

Coincido con los que opinan que el término “violencia de género” es una construcción social que dista de ser inclusivo, ya que deja fuera a muchos colectivos que muchas veces se ven desprotegidos por la ley por no entrar en la definición legal del término. Cuando se habla de violencia de género en nuestra sociedad automáticamente nos viene a la mente un hombre blanco que maltrata a una mujer blanca. Al fin y al cabo, vivimos en una sociedad patriarcal, heterosexual, blanca y misógina. O eso nos quieren hacer creer.

La violencia no hace distinción de razas, religiones, géneros ni orientaciones sexuales. Cualquier persona puede ser víctima de abuso por su pareja sentimental. Cualquiera: hombre, mujer, hetero, gay, lesbiana, transexual, cristiano, musulmán, hindú, blanco, negro, amarillo, verde o morado. Cualquiera. Con la excusa de que hoy es el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer me gustaría recordar a aquellas mujeres víctimas de violencia a manos de otras mujeres. Un tema todavía tabú sobre el que sólo se ha empezado a estudiar en los últimos veinte años, y de una manera minoritaria, por culpa de ese laberinto de armarios al que me refería más arriba (cada armario representa un prejuicio social).

Nos metieron en la cabeza que las mujeres somos el sexo débil. Nos hicieron creer que las mujeres somos amables, tolerantes, bondadosas, comprensivas, compasivas, maternales… lo que automáticamente nos lleva a pensar que las relaciones entre mujeres están basadas en el amor y respeto mutuo. Muchas, sí. Otras muchas, no. La violencia doméstica y el abuso sexual también existen en las relaciones lésbicas y negarlo, o pasarlo por alto, sólo acentúa el problema.

En las sociedades occidentales la masculinidad se asocia con la agresión, la dominación y la autoridad en las relaciones de pareja. Esta creencia se extrapola a las relaciones entre mujeres, asumiendo erróneamente que la agresora es la mujer que asume el papel masculino y que la víctima es la que desempeña el papel femenino en la pareja. Permitid que me cargue este mito: en las relaciones entre mujeres no tiene por qué haber una que “hace” de hombre y otra de mujer. Y ya que estamos, también quisiera acabar con el otro: cualquier mujer, masculina o no, puede convertirse en agresora. El físico, las apariencias y el comportamiento de una mujer no tienen nada que ver con sus intentos violentos de subyugar a su pareja.

Existen muchas similitudes entre el tipo de violencia que existe entre compañeros sentimentales heterosexuales y aquélla que se da entre compañeros sentimentales homosexuales: violencia física, psicológica, sexual y económica. Llámala como quieras. Lo importante no es la forma que toma sino el tipo de comportamiento en el que se inspira: abusivo, coercitivo, intimidatorio, manipulador, castigador y controlador.

Sin embargo, también existen algunas diferencias fundamentales entre la violencia entre parejas homosexuales y parejas heterosexuales, diferencias que tienen su raíz en la homofobia fundamentalmente. Debido al rechazo del comportamiento homosexual que existe en muchas sociedades (una cosa es que la homosexualidad esté legalizada y otra muy distinta que esté aceptada socialmente) muchas agresoras amenazan a su pareja con hacer pública su homosexualidad. Esto puede resultar en el rechazo de amigos y familiares, pérdida del trabajo y otras consecuencias discriminatorias que convierten a esta amenaza en un arma de opresión poderosa.

La misma sociedad homofóbica hace que las agredidas decidan no buscar ayuda. Si no han salido del primer armario, ¿cómo van a salir del segundo? El miedo al rechazo, la discriminación, el abuso y el acoso debido a su condición sexual ahogan su grito… o lo ignoran, si decidieron no ocultar su orientación sexual y se toparon de frente con la intolerancia. Muchas se encuentran solas, carentes del apoyo de amigos y familiares que las repudian por el hecho de sentirse atraídas sexualmente hacia otras mujeres.

Las que deciden denunciar a su pareja puede que se encuentren con el rechazo institucional, por no estar amparadas por la ley o por no ser creídas. A veces se encuentran con que ellas también son detenidas porque las autoridades son incapaces de averiguar quién agredió a quién. Otras acaban convirtiéndose en víctimas del lenguaje homófobo, sexista, racista, misógino, denigrante e irrespetuoso de aquellos en los que buscan amparo. Por eso muchas prefieren guardar silencio, porque el precio que a lo mejor se ven obligadas a pagar para acabar con el abuso de su pareja (la humillación pública) es demasiado alto, y se pierden, sin querer queriendo, en el laberinto de armarios del que os hablaba al principio.

Te doy mis ojos

Sólo tengo ojos para ti, me dijo. Yo la miré incrédula. Ella, ofendida, se sacó un ojo con cada mano y, extendiendo los brazos, me los ofreció. Pero yo no te amo, le dije.

Peregrino sufí durante el Festival “Urs”
(c) The Guardian