Archivo de la etiqueta: Etiopía

Valle del Rift, Etiopía (fotos)

“Ponemos más interés en hacer creer a los demás que somos felices que en tratar de serlo.”
François de la Rochefoucauld (1613-1680) Escritor francés.

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Valle del Rift (I):
https://lapuertaentornada.wordpress.com/2012/01/22/valle-del-rift-i-yirgalem/

Valle del Rift (II): Timkat:
https://lapuertaentornada.wordpress.com/2012/01/23/timkat/

Valle del Rift (III): Awassa:
https://lapuertaentornada.wordpress.com/2012/01/24/valle-del-rift-iii-awassa/

Valle del Rift (IV): Lago Langano:
https://lapuertaentornada.wordpress.com/2012/01/25/valle-del-rift-iv-lago-langano/

Ensete: arma biológica contra el hambre:
https://lapuertaentornada.wordpress.com/?s=ensete

Senderismo en el Escarpe Mesket (fotos) – Etiopia

“Después de escalar una montaña muy alta, descubrimos que hay muchas otras montañas por escalar.”
Nelson Mandela

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Circuito historico (V): Senderismo en el Escarpe Mesket https://lapuertaentornada.wordpress.com/2012/03/08/circuito-histrico-v-senderismo-en-el-escarpe-mesket/

Lalibela (fotos) – Etiopía

“No quiero escribir más acerca de estas obras, porque temo que si escribo más, nadie me va a creer, y lo que escribí dará ya a más de uno motivo para llamarme mentiroso”.
Francisco Alvares, religioso portugués del siglo XVI

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Circuito histórico (IV): Lalibela: https://lapuertaentornada.wordpress.com/2012/03/06/circuito-histrico-lalibela/

Circuito histórico (V): Senderismo en el Escarpe Mesket: https://lapuertaentornada.wordpress.com/2012/03/08/circuito-histrico-v-senderismo-en-el-escarpe-mesket/

Gondar (fotos) – Etiopía

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Circuito histórico (III): Gondar
https://lapuertaentornada.wordpress.com/2012/03/02/circuito-histrico-gondar/

Bahir Dar y Lago Tana (fotos) – Etiopía

Las fotos de este álbum son un reflejo de lo poco que me entusiasmó este sitio… Supongo que las circunstancias que rodearon mi visita contribuyeron a ello.

PD. WordPress también me ha subido las fotos de este álbum desordenadas. ¡Buuu to WordPress!

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Circuito histórico (I): Bahir Dar
https://lapuertaentornada.wordpress.com/2012/02/28/circuito-histrico-bahir-dar/

Circuito histórico (II): Lago Tana
https://lapuertaentornada.wordpress.com/2012/02/29/circuito-histrico-lago-tana/

 

Lago volcánico Wenchi (fotos) – Etiopía

Me habéis convencido. Al final me traigo las fotos al blog. He creado una categoría nueva (“álbumes de fotos”) y una nueva etiqueta (“fotografías”) para que sean fácil de encontrar. Se puede comentar y darle a me gusta en fotos individuales. Al final de las fotos pondré la/s entrada/s relacionada/s por si hay algún despistado curioso al que le apetezca leer los detalles.

Inauguro la sección con uno de los álbumes que ya puse en facebook. Los demás espero que vayan llegando en breve… Por cierto, WordPress me ha subido las fotos desordenadas y con los cambios que han hecho no encuentro el botón de “ordenar por fecha” así que caóticas se quedarán hasta que dé con la tecla (si la hay).

Entrada relacionada:

Guanchi Wenchi: https://lapuertaentornada.wordpress.com/2012/01/08/guanchi-wenchi/

Ensete: arma biológica contra el hambre

IMG_3076La etnia Gurage engloba varios grupos étnicos asentados en la parte sureste de la meseta central etíope. Se estima que son más de dos millones de habitantes. Todos los Gurage comparten un idioma de origen semítico y forman una unidad histórica y cultural. Los Gurage que viven en entornos rurales son en su mayoría agricultores. Los que viven en áreas urbanas, especialmente en Addis Abeba, tienen fama de comerciantes. De hecho, lo que nosotros conocemos como la “tienda de la esquina” en la capital se la denomina como “la tienda gurage”. La etnia Kampata también está asentada en la meseta central y está formada por casi medio millón de personas. Antes de su incorporación a Etiopia, la tierra Kambata era un reino. Su población se divide entre musulmanes y ortodoxos, aunque la influencia de la cultura tradicional sigue presente en ambos grupos religiosos.

El cultivo principal de los Gurage y los Kambata es el ensete, conocido localmentIMG_3086e como asat, ingrediente de primera necesidad tanto para ellos como para otros grupos étnicos, como los Kadyia y los Walayta. Al ensete también se le conoce como “plátano falso” debido a su parecido con el platanero.

Su producción sigue un ciclo de cultivo basado en la rotación de plantas cada dos años. El ciclo se completa en cuatro años. En consecuencia, los cultivos de ensete se dividen en cuatro zonas, de acuerdo a estos cuatro ciclos, y a cada planta se la denomina con un nombre diferente según la sección en la que crece. Los agujeros en los que se planta el ensete varían de acuerdo con la sección en la que se encuentren, haciéndose más anchos y profundos conforme se va avanzando de etapa. Cuando el ensete está listo para su cosecha, son los hombres los que se encargan de cortarlo. Las mujeres son las responsables de quitarles la corteza y extraer las porciones comestibles de la planta. Me aseguran que esto se debe puramente a la división del trabajo.

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Esta planta es muy apreciada debido a su resistencia a la sequía. Se cree que puede resistir hasta siete años sin lluvia. Sin embargo, su importancia socio-económica no está únicamente sujeta a la comida. El ensete se utiliza en la construcción como material IMG_3100aislante entre las capas del empajado de tejados así como combustible al quemarlo. Las hojas se utilizan como envoltorio para transportar mantequilla. La fibra se utiliza para fabricar cuerdas y esterillas. También se utiliza como forraje, utensilio de cocina, detergente y planta medicinal. De hecho, se cree que todas las enfermedades se pueden curar con medicinas preparadas con las raíces del ensete. Esta planta se encuentra en Etiopia desde la prehistoria. En el pasado, era común ofrecer ensete en los rituales a Damwamit, la deidad asociada con la salud y el bienestar. En los meses rituales, las mujeres apartaban una porción de comida de ensete para apaciguar a los malos espíritus y evitar que estos atacaran a miembros del poblado.

Lamentablemente, a pesar de todos los beneficios del ensete, su cultivo no ha sido extendido a otras regiones del país. Esto se debe principalmente a dos razones. Por un lado, su laboreo es complejo y difícil para los que no están acostumbrados a su cultivo y posterior uso. Por otro lado, existe una barrera cultural. Muchos etíopes consideran el kocho (tortita hecha a base de ensete) como un alimento retrógrado. En las poblaciones urbanas se prefiere comer injera, que es una tortita hecha a base de tef, otra planta endémica con un bajo contenido calorífico y sin resistencia a la sequía.

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Chat: ¿droga o pasatiempo?

El chat (o khat) es un estimulante que se cultiva en muchas regiones de Etiopía, particularmente en el este, oeste y sureste del país. Es un cultivo muy lucrativo con lo que muchos agricultores prefieren esta fuente de ingresos al cultivo de café, por ejemplo. Antes de poder cosecharlo hay que esperar de dos a tres años desde su plantación. La proximidad a mercados y el transporte a los mismos juegan un papel muy importante en la comercialización de este producto agrícola perecedero. Se exporta a otros países y supone una significante contribución a la entrada de divisas en el mercado etíope.

Se cultiva principalmente por sus hojas y pequeñas ramas, que se consumen como estimulante. La forma más común de conseguir los efectos del chat es masticando las hojas y los brotes, aunque también se puede tomar como infusión para lo que previamente hay que secarlo y molerlo. Tiene un sabor amargo, que me recuerda un poco al regaliz. Después de varias hojas la boca se te queda seca y pastosa. Los locales engañan el sabor con frutos secos, comiéndose las dos cosas al mismo tiempo. Entre los efectos que se le atribuyen figura el de mejorar la capacidad de concentración, con lo que su consumo no es infrecuente entre la población universitaria. Consumido en exceso puede causar insomnio, pérdida de apetito y estreñimiento.

En el pasado, se le ha asociado con la religión, principalmente entre adultos musulmanes. Incluso hoy día se utiliza para fines rituales. En algunas zonas del país todavía se le considera sagrado y la gente reza antes de empezar a masticarlo. Actualmente, su uso se extiende a diferentes grupos sociales, independientemente de su edad, religión o nivel socio-económico. En áreas urbanas se usa como pasatiempo y actividad de ocio. El chat tiene un importante contenido social y es normal consumirlo en bodas, funerales o eventos de trabajo. También se suele servir para dar la bienvenida a invitados y tenerles entretenidos. Masticar chat puede ser bastante ceremonioso y a veces lleva aparejado una elaborada ceremonia del café y quema de incienso.

Su consumo es legal en Etiopía.

Foto: http://www.healblog.net/wp-content/uploads/Ethiopian-Khat-300×187.jpg

Circuito histórico (V): Senderismo en el Escarpe Mesket

IMG_3673Todavía me quedaba una mañana para disfrutar de Lalibela, antes de aventurarme a las montañas que la rodean durante cuatro días. Según el calendario ortodoxo era el día de San Jorge, por lo que habría modestas peregrinaciones a Bet Giyorgis (literalmente, “la casa de Jorge”), que se encuentra apartada del resto de iglesias.

Justo cuando el rey de Lalibela se disponía a acabar su serie de iglesias, recibió una inesperada visita. Vestido con armadura y montando un caballo blanco, el santo patrón de Etiopía, Jorge, hizo acto de presencia. Estaba realmente indignado porque no se le había dedicado ninguna iglesia. Avergonzado, el rey se disculpó y prometió construirle la iglesia más bella de todas. Todavía hoy pueden verse las huellas del caballo de San Jorge imprimidas en la roca.

En otro intento fallido, me puse el despertador a las 6am con la esperanza de aventurarme en la iglesia antes del amanecer para empaparme de la atmósfera mística del despuntar del día. De nuevo el cansancio pudo conmigo. Afortunadamente, desde mi cama (¡glorioso balcón!) podían atisbarse los espíritus blancos, que yo miré un par de veces con mis ojos somnolientos antes de poder levantarme.

IMG_3690Tras el desayuno me dirigí hacia la iglesia donde todavía seguían los cánticos (algo bueno tenía que tener que aquí las misas duren siglos; que digo siglos, ¡eternidades!). Observé a los feligreses desde lo alto. No pude evitar un sentimiento de IMG_3697culpa por ser testigo invisible de un momento tan íntimo. Un par de niños me hicieron compañía durante un rato y con las mismas seguí mi camino. Di con un artesano local al que le compré unas pinturas en cuero que me habían encantado el día anterior. Al menos éste estaba dispuesto a negociar el precio. Volví a las iglesias del grupo norte donde me senté casi una hora a observar la vida religiosa. Sorprendentemente, seguía sin haber muchos turistas.

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Empecé mi ascenso a la montaña después de compartir un bayenetu con el que sería mi guía. Hacía mucho calor y esperaba que la montaña me tratara bien. El camino era empinado. Estaba previsto que ascenderíamos a 4.000m en dos días. Lalibela se encuentra a más de 2.600m de altitud. En pocos kilómetros las vistas ya empezaron a ser espectaculares. Varios lugareños nos acompañaron hasta que nuestros caminos se separaron. Esto se convertiría en una costumbre a lo largo de los cuatro días. Hombres y mujeres, jóvenes y no tan jóvenes se ofrecían a llevar mi mochila. El burro ya llevaba la grande. En el primer descanso de la tarde, pude ver babuinos Gelada a lo lejos.

IMG_3734Llegamos al primer campamento, llamado Ad Medhane Alem, antes del anochecer. Me duché al estilo tradicional, con un poco de agua en un lugar al aire libre asignado para ello. Sin cortinas ni puertas, con el viento endureciéndote la piel y unas vistas increíbles. Esa misma noche compartiría 50gr de chat con el guía sin ningún tipo de efecto secundario.

Al día siguiente nos dirigimos hacia Abuna Yoseph (que significa Monje José), el pico más alto de la zona, a unos 4.300m. Hicimos seis horas de marcha: tres en llano y tres de subida. Nada que ver con los campesinos con los que nos cruzamos. De camino al mercado semanal de Lalibela, a algunos les esperaba hasta diez horas de caminata. Pasamos por un hospital sin médico pero con enfermera. Muchos aldeanos tienen que caminar horas para poder llegar a él. Los que están muy enfermos no tienen más remedio que ir a Lalibela a curarse. Lo normal es que estén en un estado en el que no puedan andar, con lo que tienen que hacer el camino en mula o en camilla. Estamos hablando de, mínimo, tres horas de viaje en plena montaña.

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Mi cuerpo se cansaba debido a la altitud pero no se dejaba ganar. Por desgracia tuve que descartar subir a Abuna Yoseph. El cielo amenazaba con llover, IMG_3743hacía frío y yo no iba equipada. Al poco de llegar al campamento Agew Beret, empezó a llover y a granizar. Los lugareños recibieron la lluvia con alegría. Hacía mucho frío, así que casi no me moví de la lumbre de la cocina, envuelta en una manta, e intentando entablar conversación con los locales. Sólo me aventuré al frío una vez para ver una manada de babuinos Gelada, que se habían acercado al campamento. A la mañana siguiente también pudimos divisar desde la distancia un lobo etíope, que es la versión elegante del zorro rojo.

Emprendimos la marcha hacia el campamento Tadios Amba. El sol empezaba a calentar. El terreno sería llano durante la mayor parte del día. Vi poblados en sitios imposibles. Paramos en una escuela local aprovechando que el profesor estaba dando una clase de recuperación en domingo. Pensé en lo gratificante que hubiera sido dar clase en una escuela así y dejé volar mi imaginación durante un segundo.

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Sólo me encontré gente amable por el camino. Nadie te pide nada. Sólo te saludan con un eterno “halo-halo-halo” hasta que desapareces de su campo de visión. Yo no dejaba de IMG_3809sorprenderme de todo lo que esta gente tiene que caminar cada día. Al carecer de acceso a agua corriente tienen que ir al punto de agua más cercano, ya sea río, corriente o riachuelo, a recogerla. Los hay que caminan hasta tres horas antes de llegar a una fuente de agua. Muchos la beben sin hervirla con el riesgo de IMG_3813enfermedades que eso conlleva.

Las escuelas también están lejos. Le pregunté a una niña, ya en el campamento, que me dijo que ella tardaba dos horas de ida y dos de vuelta. Sale a las 6am para llegar a las 8am. Las clases duran hasta las 12pm. Hay dos turnos, uno de mañana y otro de tarde. El gobierno es consciente de que los niños tienen que ayudar en casa durante todo el día. IMG_3873Con esta medida se pretende ayudar a las familias con más de un hijo, asegurando de esta manera que siempre haya en casa alguien para ayudar.

Por la noche probé la cerveza local de esa parte de la montaña, llamada corefie. Como es barata los aldeanos la toman para engañar el hambre. Para ellos es también una bebida energética que les ayuda a llevar a cabo las tareas del campo. El ingrediente principal es el centeno.

Como todo lo que sube tiene que bajar, el último día de trekking transcurrió entre bajadas pedregosas que no ayudaron a las ampollas que me habían salido el día anterior. La última hora fue especialmente dolorosa y no veía el momento de quitarme las botas.

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Pasamos por poblados, con perros incluidos, que eran bastante agresivos. Parece ser que es normal que te ataquen si no tienes un palo para plantarles cara. Afortunadamente mis guías locales no eran pipiolos. Aún así, pasé un par de momentos de angustia en los que pensaba que el perro nos atacaba.

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El último campamento, del mismo nombre, estaba en lo alto del pueblo Geneta Maryam,donde existe otra iglesia del siglo XIII tallada en roca que se llama igual. Me hubiera gustado ir a visitarla, pero las ampollas de los pies y los 150 Birr que costaba la entrada fueron suficientes para que me conformara con verla desde la distancia y en un poster en el comedor.

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El cielo volvía con sus amenazas de lluvia, así que al poco de llegar al campamento me calentaron un poco de agua para darme otra ducha tradicionaIMG_3863l a cielo abierto. Justo cuando estaba terminando el cielo cumplió su amenaza y empezó a llover y granizar con fuerza. El viento les hacía la competencia. Tuve que hacer malabares para poder coger mi ropa y lo del baño sin perder IMG_3861nada en el camino. Cuando ya lo tenía todo en la mano una ráfaga de viento me quitó la toalla. Volver a ponérmela fue toda una odisea. El viento soplaba con saña. Por fin conseguí volver a liármela. Con todo repartido entre las manos y los dientes, y a pesar de tener los pies mojados y resbalándose en las chanclas, pude llegar a la habitación ante la mirada divertida de los lugareños. Una vez dentro, parecía que el viento, la lluvia y el granizo se peleaban por acabar con el mundo.

Circuito histórico (IV): Lalibela

El disgusto de levantarse a horas inhumanas se vio recompensado con las increíbles vistas que el vuelo Gondar-Lalibela me regaló: 45 minutos IMG_3588ininterrumpidos de cordilleras. Haber intentado recuperar algo de sueño en el avión hubiera sido un insulto al paisaje. Las montañas nos hicieron un hueco para que aterrizáramos y los 30km de carretera hasta Lalibela nos ofrecieron un adelanto de lo que nos esperaba.

Tras algunos problemas para encontrar alojamiento, acabaron dándome una habitación en el Hotel Tukul Village, donde también se hospedaban los que estaban siendo mis compañeros temporales de viaje desde Bahir Dar: un grupo de dos españolas y un inglés. La habitación era muy espaciosa y estaba vestida con muebles tradicionales. Unas puertas de cristal de pared a pared daban a un balcón con vistas abiertas de la ciudad y desde el que se podía atisbar Bet Giyorgisa lo lejos. La magia de Lalibela empezaba a emborracharme.

IMG_3609Hace casi mil años, unos ángeles llevaron al primer, segundo y tercer cielo a un hombre asesinado por envenenamiento. Allí le enseñaron una asombrosa ciudad de iglesias construidas en roca. El mismo Dios le ordenó que volviera a la tierra y, reproduciendo en ella lo que acababa de ver, construyera un nuevo Jerusalén. Cuenta la leyenda que este hombre fue el rey de Lalibela que, envenado por su hermanastro, visitó el cielo mientras se encontraba en estado de coma. Aseguran los lugareños que, durante la noche, mientras los obreros dormían, los ángeles continuaban con la construcción.IMG_3623

De camino a las iglesias, el canto de “bienvenida a Lalibela” suponía un agradecido cambio a los gritos de “ferenji” de Addis. La entrada cuesta 350 Birr y es válida para cinco días. Nosotros cogimos un guía (400 Birr para 4 personas) que nos paseó por los secretos de la historia, la tradición y los símbolos que envuelven las iglesias. Por 50 Birr más se puede tener un “encantador de zapatos” que hace aparecer y desaparecer tu calzado de una iglesia a otra durante todo el día.

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IMG_3527No hay palabras para explicar Lalibela. La simple ubicación de la ciudad la convierte en un cuento de hadas africanas. Uno tiene la sensación de retroceder en el tiempo; de estar en un lugar de una dimensión paralela; de romper la harmonía de figuras blancas y místicas que pululan devotas por los entresijos de IMG_3513pasillos y túneles que comunican unas iglesias con otras. Poco importa lo que se haya leído, oído o visto de Lalibela, porque el estar allí es una experiencia única para la que no se está preparado. Subidas, bajadas, entradas, salidas, pasadizos, escondites te transportan a un episodio bíblico viviente. Lalibela es un sitio para perderse y soñar.

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Circuito histórico (III): Gondar

Puse el despertador a las 7am para aprovechar el día pero el cansancio lo apagó. El bullicio del vecindario no me despertó hasta pasadas las 9am. Decidí tomarme el día con tranquilidad. Al fin y al cabo estaba de vacaciones. Para sorpresa de mi sorpresa habían cortado el agua, por lo que no pude ducharme. Preferí no hacer cuentas de cuánto tiempo llevaba mi cuerpo sin ver agua. De perdidos al río, así que poco importaba un día más que menos. El desayuno escaló un puesto en mi lista de prioridades.

El Recinto Real, compuesto de varios castillos y palacios, es probablemente el mayor atractivo de Gondar, recuerdo de los tiempos en que el emperador Fasiladas convirtió a esta ciudad en la primera capital permanente después de Lalibela. El esplendor de la ciudad duraría un siglo.

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Cuando llegué me crucé con dos turistas más y unos cuantos guías ociosos que aceptarían un no por respuesta sin ningún tipo de forcejeo verbal. La tranquilidad del recinto me absorbió al instante. Saboreé cada paso que di. Me paseé por las murallas y espié a la vida desde los miradores secretos. Exploré cada castillo del derecho y del revés. Me compadecí de los leones abisinios que habían tenido la desgracia de vivir en aquellas jaulas. Por una vez, mis oídos no se quejaron de la competencia de varias iglesias cercanas que daban la misa por sus altavoces. Pasé la mayor parte del día en el Recinto Real. Relajada. Disfrutando de aquel remanso de paz, tan bienvenido después del bullicio turístico de Bahir Dar.

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De ahí me fui a los baños de Fasiladas, a 2km del Recinto Real, y cuya entrada también IMG_3451estaba incluida en el precio. Lo mejor, las raíces de los árboles que, divertidas, parecían invitarme a sentarme con ellas en los muros de alrededor de la piscina.

Supongo que tengo que agradecerle al IMG_3459ejército de abejas que pudiera visitar la iglesia Debre Berhan Selassie. Cuenta la leyenda que, cuando a finales del siglo XIX los derviches sudaneses intentaron destruir esta iglesia, un enjambre de abejas los echó del lugar, persiguiéndoles enfurecidas, hasta que los derviches no tuvieron más remedio que desistir de su intento. Debre Berhan Selassie es una iglesia íntima atiborrada de arte etíope. Vidas de santos, mártires y tradición popular se disputan las paredes mientras que decenas de querubines alados devuelven la mirada al visitante desde el techo.

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La guía recomendaba visitar el complejo de Kuskuam, antigua residencia de la emperatriz Mentewab, por las vistas de Gondar que la situación de este palacio ofrecía. Llegamos cuando la misa ya había comenzado, y viendo que nadie nos paraba, entramos con decisión. Nos colamos hasta los muros del palacio en ruinas. Después, nos echaron IMG_3472amablemente.

Volvimos al hotel. Yo seguía necesitando una ducha pero el agua seguía cortada. Afortunadamente, alguien tuvo la brillante idea de pedir que abrieran el depósito de agua. Tras la ducha, me alegré de comprobar que seguía teniendo todo en su sitio.

Circuito histórico (II): Lago Tana

A las 7.30 de la mañana ya lo tenía clavado como un reloj en el hotel, dispuesto a tomarse el desayuno conmigo. Lo saludé con educación, casi casi amistosamente. Todavía no era el momento de mostrar mi desagrado. Además, una parte de mí todavía quería darle un voto de confianza y ver cómo se iba a desarrollar la visita a los monasterios.

Thomas me pagó el desayuno. Yo no rechisté. Al fin y al cabo estaba invitándome con mi dinero así que, en realidad, era yo la que le estaba invitando a él, aunque me estuviera haciendo creer lo contrario.

Su amigo, el del barco, vino a buscarme al hotel, tal y como habíamos acordado, para llevarme al embarcadero. El día anterior me había dicho que seríamos cinco personas. Si las matemáticas no me fallan, allí habíamos once. Me habían dado instrucciones de no comentar el precio que yo había pagado con el resto de pasajeros porque supuestamente ellos habían pagado más que yo. El tema salió inevitablemente en la conversación. Yo había pagado 350 birr, otro grupo 300 birr y los japos (mis héroes por un día), 80 birr. Definitivamente, Thomas me había timado. Si aún quería aferrarme a alguna esperanza de que no, ya no podía encontrar ninguna. El chico del barco notó mi desagrado. No era difícil leerlo en mi mirada lanza-rayos.

El lago Tana es el lago más grande de Etiopía y puede que también el más famoso. Fuente del Nilo Azul, el río más largo del mundo, se le considera el enlace entre este país y el mundo antiguo. Incluso hoy pueden verse botes hechos de papiro (tankwa) que recuerdan a los del antiguo Egipto. A pesar de lo que digan las guías, sus aguas no tienen ningún encanto especial; a no ser que vayas sugestionado por la historia que envuelve los más de veinte monasterios que habitan las diferentes islas del lago, recuerdo de los tiempos en que Tana era el foco político y espiritual del Imperio Cristiano, entre los siglos XIII y XVII.

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La primera parada la hicimos en el monasterio de Entos Eyesu. La entrada a cada monasterio nos costaría 100 birr. Este, en concreto, no los valía, ni desde un punto de vista arquitectónico ni artístico. ¡Siguiente!

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Del primer monasterio, que no merece mención ni en la Lonely Planet ni en la Bradt, nos fuimos a la península de Zege, a visitar el monasterio de Ura Kidene Mihret. A pesar de que éste era considerablemente mejor que el primero, tampoco era para tirar cohetes. Aunque las paredes estaban cubiertas de murales pintados de hasta hace 250 años, este monasterio todavía estaba lejos de cautivarme. En lo que a monasterios se refiere, mi corazón sigue perteneciendo a los del lago Inla, en Myanmar.

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Tras visitar el que está considerado como el mejor monasterio de todo el lago, decidí no darle una oportunidad al tercero, Debre Maryam. Desde fuera no parecía prometedor y la guía tampoco lo vendía muy bien, por lo que fue una decisión fácil de tomar. Aquéllos que sí entraron me dijeron que no me perdí nada.

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De vuelta a tierra firme paramos en hipolandia no más de cinco minutos. Lo justo para hacer las fotos de rigor y ponerle una cruz a la casilla de hipopótamos. Me sorprendió sentir un poco de morriña del Chad, de mis paseos por el río al atardecer, y de la ilusión de ver a estos animales por primera vez.

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Ya en Bahir Dar fuimos a comer a Desset Lodge, a orillas del lago, recomendación de un compañero de trabajo. Si bien se puede comer mejor y más barato en otros sitios, es difícil hacerlo con mejores vistas.

Thomas había intentado llamarme un par de veces y yo tenía pocas ganas de hablar con él. Al final decidí responder el teléfono y decirle que finalmente no quería que me acompañara a las cataratas del Nilo Azul y que esa misma tarde me marcharía para Gondar. El no insistió. Supongo que para entonces ya habría hablado con su colega, el de los barcos, y le habría dicho que al final del tour nos habíamos quejado del precio y del número de gente.

Encontrar un minibús para ir a Gondar no me costó mucho. Sin embargo, encontrar suficiente gente para llenarlo y ponernos en marcha nos llevaría una hora. Paramos en todos los pueblos habidos y por haber. En un momento habían montado tanta gente en el camino que unos cuantos hicieron parte del viaje de pie, pero encorvados, porque la furgonetilla no era lo suficientemente alta como para poder estar erguido. Llegamos a Gondar entrada la noche. Afortunadamente, el conductor del minibús tuvo la amabilidad de dejarme en la puerta del hotel (Genetics Guesthouse). Yo necesitaba una ducha desesperadamente, pero el sueño pudo conmigo.

Circuito histórico (I): Bahir Dar

Me tocó hacer el viaje al lado de una chica joven con un niño pequeño. Aquí el espacio personal no existe, así que el mío no tardó en ser ocupado por el niño y el bolso de la chica durante todo el viaje. Hubo un momento en que, faltándole sitio, decidió poner su bolso entre mis piernas, encima de mi mochila. Sin preguntar. Sin mirarme. Con toda naturalidad. Yo, lejos de molestarme, interpreté aquel gesto como un halago. Sonreí. Yo era una más entre todos aquellos habesha. Además, había decidido que este viaje no me lo iba a estropear nadie. Estaba de buen humor, y las ocho horas de sobredosis de música y cine etíope pasaron sin dolor.

Llegamos a Bahir Dar al mediodía. Aún no había terminado de bajarme del autobús cuando ya tenía a varios locales ofreciéndome sus servicios. Yo acababa de leer en la guía que había que desconfiar y decliné sus ofertas con escasa educación. Mientras negociaba el precio del tuk-tuk para que me llevara al hotel que me habían recomendado, una cara sonriente apareció de la nada. “Hemos venido en el mismo autobús” – me dijo. “El hotel que te han recomendado es muy caro. Yo trabajo en la Oficina de Turismo y puedo llevarte a uno más barato”. No sé por qué me inspiró confianza y decidí seguirle. Negoció por mí el precio del tuk-tuk y me acompañó a mi segunda opción. Como no había habitaciones libres me llevó al Hotel Bahir Dar, tan barato como mediocre y con baños compartidos. Por la mañana me pregunté cómo había podido acceder a quedarme en un sitio así (la foto no le hace justicia). No tuve más remedio que usar el WC pero la ducha ni la pisé.

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El chico no parecía dispuesto a irse y yo me sentí obligada a tomarme un café con él. Le conté mis planes y me aconsejó no ir al Hotel Ghion a organizar la visita de los monasterios del Lago Tana, tal y como una amiga me había recomendado. En su lugar, me presentó a un amigo suyo que tenía una compañía de botes, me llevó al lago, me enseñaron el bote y ahí accedí a pagar 350 birr por un tour de medio día con otras cuatro personas. Me sonaba que mi amiga me había dicho que el precio del tour eran unos 150 birr pero no reaccioné.

En el momento en que me disponía a pagar el adelanto, el director de los botes desapareció y me dejó sola con el de la Oficina de Turismo (llamémosle Thomas), que estaba rellenando un recibo sellado. Uno de los locales, que no me había quitado ojo de encima desde que llegué al embarcadero, y que hasta hacía un momento estaba hablando con el dueño de los botes, se acercó a nosotros dando voces. Thomas me dijo que lo ignorara, que era un timador, y nos dirigimos a la salida, él con el recibo en la mano y yo con mi adelanto en la mía.

Me dijo que su amigo nos seguiría para cobrarse el adelanto y entretanto me llevó a un bar local. Era el cumpleaños de un amigo suyo y había comprado “chat” para celebrarlo, una droga llamada social legalizada en Etiopia. Me invitó a probarla y me comí una hoja. Sabía amarga y un poco a regaliz. Su amigo, el de los botes, nunca apareció, pero le llamó para decirle que estaba ocupado y que yo le diera el adelanto a Thomas. Yo creí entender “150” en su conversación telefónica, y se me pasó por la cabeza que igual se refería a su comisión. Desafortunadamente mi amárico no es tan bueno, con lo que no podía estar segura. Le pagué el adelanto y me dio el recibo.

Seguimos nuestra charla amistosamente, él masticando “chat” (que significa “charlar” en inglés, de ahí lo de droga social) y yo bebiendo un zumo de aguacate. Hablamos de política internacional y de Etiopía. Yo seguía sin encajar la jugada del timador de hacía un rato, pero me encontraba a gusto, así que no me importó renunciar al paseo por el lago que tenía previsto. Después de todo parecía un chico bien informado y de conversación interesante. Charlando, charlando, me invitó a tomarme un café tradicional en su casa, que estaba a la vuelta de la esquina. Aunque me inspiraba confianza acepté con algunas reservas.

Llegamos a su casa y, tal y como me había asegurado, no estuvimos solos. Nos prepararon café y seguimos charlando. Allí mismo se ofreció a ponerme en contacto con unos guías locales en Lalibela para hacer senderismo. La asociación que yo había elegido parecía ser no era muy buena. Yo seguía relajada, pero sin bajar la guardia. Me invitó a ir a tomar una cerveza para celebrar el cumpleaños del cumpleañero que no acababa de aparecer. ¿Cuánto hacía que no salía por la noche? Volví a aceptar su invitación.

Una parte de mí pensaba que era una imprudencia, pero la otra parte me decía que esto era parte de la hospitalidad etíope de la que mis conocidos locales me hablaban constantemente. “No hay que ser tan desconfiada”, me dicen, “no todo el mundo tiene segundas intenciones.” Yo me lo creía a medias y decidí darle a Thomas un voto de confianza. Aún así, me preocupaba el hecho de llevar todo el dinero de mi viaje encima. Si me robaba, me iba a quedar con lo puesto y lo de la maleta.

Me llevó a un bar solitario. Una hora, y allí no aparecía nadie. Justo cuando empezaba a desconfiar apareció uno de sus amigos. Al rato, el famoso cumpleañero también hizo acto de presencia. Eran gente divertida y yo me dejé llevar. Al segundo botellín de cerveza paré de beber. Conozco mis límites y no quería sobrepasarlos con desconocidos. Bastante vulnerables somos las mujeres por el hecho de ser mujeres. Emborracharse, o incluso coger el puntilllo, era jugar con fuego.

Bailé con sus amigos. El bar estaba prácticamente vacío así que me despisté un momento de mi mochila, que estaba contra la pared. Se me pasó por la cabeza que Thomas, que se había quedado sentado, me la podía registrar tranquilamente mientras yo bailaba. Cuando volví a mi sitio la mochila había cambiado de posición. Me pareció sospechoso. Quise comprobar si me faltaba algo en ese mismo instante pero me pareció imprudente, por lo que esperé a llegar a mi habitación. Conté el dinero que tenía en el monedero. Juraría que me faltaban 500 birr pero no estaba segura. Hice cuentas pero aún así no conseguía recordar cuánto dinero había traído. Soy un desastre con el dinero. Nunca sé cuánto llevo encima.

… Mañana se ha ofrecido a llevarme a las cataratas del Nilo Azul y pasar la noche en Tis Isat. Hoy no me ha dejado pagar nada (desde el momento en que nos conocimos) y mañana dice que también paga él. Supongo que el plan es meterse en mi cama (esta noche ya lo ha intentando) y desvalijarme mientras duermo. Lo he visto en las películas.

Entre tanto, me pregunto si mañana aparecerá el de los botes para la visita a los monasterios. Si no aparece, habré perdido 700 birr en total. ¡Y mi viaje acaba de empezar! Lo curioso es que sigo de buen humor y, a pesar de que me ha costado una pasta, hoy me lo he pasado muy bien.

Festival Acacia (VI): Mahmoud Ahmed (Etiopía)

No podía dejar de cerrar mi selección particular del Festival Acacia con el que fue sin duda la gran estrella del programa. Durante los dos días que duró el festival y salvo contadas excepciones, el público trató a la mayoría de las actuaciones casi con el mismo interés de quien tiene la tele de fondo en casa. Entre cerveza y kebabs, risas y helados, diferentes artistas intentaron sin demasiado éxito despertar a un público que se estaba reservando para el final.

En el momento en que Mahmoud Ahmed, ganador del prestigioso premio BBC’s World Music Award bajo la categoría de “Africa” en 2007, subió al escenario, el ambiente del festival se transformó. Interminables aplausos arroparon al cantante más famoso de la época dorada de la música etíope. Mahmoud Ahmed, de 71 años edad, demostró tener más energía que todos los grupos juntos que actuaron antes que él. Bailó y saltó sin descanso y, sorprendentemente, con aliento.

Reconozco que mis oídos no acaban de apreciar este tipo de música ni su timbre voz, pero después de ver lo que este cantante significa para el pueblo etíope, me siento obligada a compartirlo en este espacio.

Festival Acacia (V): Addis Acoustic Project (Etiopía)

Buscando en el baúl de los recuerdos, Addis Acoustic Project desempolva antiguos temas etíopes de los años cincuenta y sesenta dándoles un toque contemporáneo. Su música está influida por la música tradicional del este de África, el jazz y la música latina. Algunos se han atrevido a comparar a este grupo con Buena Vista Social Club pero yo, no lo veo tan claro.

 

Festival Acacia (IV): Dankira Band (Etiopía)

Este grupo sólo hace versiones de canciones etíopes populares, así que no podía dejar de incluir este tema en mi recopilatorio personal. Es una canción gurage tradicional que suena en todos sitios (¡hasta en los minibuses!) y que consigue despertar hasta al público más apático. Eso sí, esta versión está un poquito maqueada…

http://www.dankiraband.com/index.php?option=com_content&view=article&id=8&Itemid=15

PS. Si el vídeo no se abre al darle a este link, probad haciendo click en Gallery y Video.

Festival Acacia (III): Wudasse (Etiopía)

Grupo de jazz etíope formado por tres veteranos de la música etíope: Teferi Assefa, Fasil Wuhib, y Jorga Mesfin. Se les atribuye una manera única de incorporar las escalas musicales tradicionales de la música etíope con el jazz. Me encantaría poder opinar sobre este último punto pero, desafortunadamente, soy un poco ignorante cuando se trata de música…

Festival Acacia (II): Saba Kahsay (Eritrea)

Saba nació y creció en Asmara, capital de Eritrea. A los catorce años de edad, ella y sus nueve hermanos buscaron refugio en Etiopía, huyendo de la guerra que asolaba los dos países desde 1997. Dejaron atrás a sus padres, con los que no se reunirían hasta un año después de terminar el conflicto. Tres años sobrevivieron las diez criaturas sin ningún tipo de ingreso económico fijo. Saba siempre se cobijó en la música.

Lene Yalew es una canción de amor con un contenido espiritual que habla de aceptar nuestro destino. Saba canta que hay que ser paciente hasta que se encuentra a la persona adecuada. Cada cosa a su debido tiempo.

Festival Acacia (I): Jörg & Munit (Alemania / Etiopía)

La tercera edición del Festival de Jazz y Música del Mundo Acacia acaba de tener lugar en Addis. Este festival es el envoltorio del “Encuentro Profesional entre promotores españoles y músicos africanos, conocido como “Encuentro Vis-a-Vis”, que organiza Casa África en colaboración con la Sociedad General de Autores y Editores (SGAE)-Fundación Autor y el apoyo de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID) y la Embajada de España en Addis Abeba con el objetivo de abrir plataformas y nuevos caminos de comunicación entre artistas africanos y agentes culturales españoles.” (http://www.casafrica.es/detalles-notas-prensa.jsp?DS13.PROID=612003)

Munit Mesfin (Etiopía) y Jörg Pfeil (Alemania) formaron el dueto que lleva su nombre en agosto de 2007. Su estilo es una mezcla de soul etíope acústico. Sus instrumentos, la voz de ella y la guitarra de él.

Valle del Rift (IV): Lago Langano

Nuestra escapada iba llegando a su fin y no había más remedio que volver a Addis. Nos esperaban muchas horas de carretera, afortunadamente del tipo “cinta cinematográfica”, por lo que el viaje se presentaba no sólo largo sino también ameno.

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Paramos a comer en Sabana Lodge, a orillas del Lago Langano, probablemente el lago más popular de este lado del Valle del Rift entre los vecinos de Addis. Sus aguas marrones (échenle la culpa a no sé qué mineral, no al barro) no son nada atractivas a primera vista (ni a segunda). Sin embargo, presume de ser uno de los pocos lagos del país en los que es seguro nadar, de ahí que a veces la gente se refiera a él como “la playa de Langano”.

No es de extrañar, por tanto, que exista una decente variedad de hoteles, tanto gubernamentales como privados, a ambas orillas del mismo, ni que se ofrezcan viajes en barco para ver hipos y cocos, y hasta deportes acuáticos. Tampoco es de extrañar que haya gente que elija Langano para huir del ruido de Addis durante el fin de semana, aunque no sea su belleza paisajística lo que les atraiga a este lugar.

IMG_3210A mí la parada técnica me sirvió para pensarme dos veces volver a este lugar. Langano me pareció el equivalente de la comida rápida a nivel turístico. Sin embargo, me plantearía volver para explorar el Parque Nacional de Abiata-Shala, de paisajes pintorescos, según me han dicho. Aunque, de momento, no está en mi lista de prioridades.

Al llegar a Addis y montarme en el autobús me di cuenta de que no podía pagar porque no llevaba el monedero. Lo había perdido con mi tarjeta de débito dentro y más dinero del que suelo acostumbrar a llevar encima. Curiosamente no me importó demasiado. Me consolé pensando que lo encontró un lugareño errante a orillas de una carretera solitaria, en el mismo punto donde paramos a estirar las piernas, exactamente en el mismo lugar donde decidí sacar mi cámara del bolso para hacer una foto sin demasiado fuste. Imaginé que esa persona se agachó extrañada y, al darse cuenta de su hallazgo, levantó los brazos al cielo con una sonrisa en los ojos, dando gracias a Dios por haberse encontrado el sueldo de un mes en un monedero azul.

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