El billete y la maleta

– ¡Que te tienes que bajar en la siguiente parada, te digo!

El tono de aquellas palabras me dolió como si me las hubieran clavado a mí.

– Este billete no es válido. Te bajas en la próxima y punto.

Le hablaban a un chico de mi edad con un español muy limitado. Su aspecto era magrebí. Su acento, francés. Ese revisor ya me había caído gordo cuando me subí al tren y no quiso ayudarme a subir la maleta al compartimento superior. De malos modos me había dicho que la pusiera al lado de la puerta, que no pasaba nada. A pesar de que la idea no me entusiasmaba, accedí resignada.

– No se puede viajar entre vagones. He dicho que no y es que no.

Suspiré, me levanté y me acerqué a ellos.

– ¿Puedo ayudarte? – le dije al chico en su idioma.

Me explicó que tenía un billete interrail y que no entendía por qué no podía viajar en este tren.

– Este tren es un Intercity – me escupió el revisor– y su billete no vale para este tipo de trenes. Ya le he dicho que se tiene que bajar en la siguiente.

– ¿Es la única solución? – le pregunté incrédula – Es pasada medianoche.

– Si no, que pague la diferencia – dijo de un bufido.

El chico me dijo que sólo llevaba francos encima.

– ¿Cuánto es?

– Quinientas pesetas.

Hay que joderse, pensé. Es capaz de dejar a este chico en un pueblo perdido a las mil y gallo, en pleno invierno, por quinientas míseras pesetas.

El revisor cogió mi dinero con cara de desaprobación, le dio al chico su justificante y se marchó con paso agrio. El chico me dio las gracias mil veces. Puede que dos mil. Tenía un acento cerrado y los ojos entrada la noche.

Llegamos a Hendaya con los primeros rayos de luz. Me levanté despacio, dolorida. Me dirigí hacia la puerta a coger mi maleta. No estaba. Miré a un lado y a otro. Igual alguien la había cambiado de sitio. No. Definitivamente se la habían llevado. ¡Mierda de revisor!

En ese momento de mala hostia y confusión apareció el chico para volver a darme las gracias. Mi desconcierto era demasiado evidente como para pasar desapercibido. Insistió en acompañarme a la comisaria, esperó paciente conmigo a que abrieran y me ayudó a poner la denuncia. Siempre sonriente.

Hicimos las presentaciones y nos despedimos. El estudiaba en Estrasburgo y yo, en Toulouse. Me estuvo llamando durante meses con una frecuencia decadente. Un día, sin darme cuenta, dejó de llamar.

Después de todo, no teníamos nada en común.

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Día Internacional de la Solidaridad

Y tú, ¿me cuentas tu historia?

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31 pensamientos en “El billete y la maleta

    1. lapuertaentornada Autor de la entrada

      Con esta entrada no pretendía echarme flores, sólo compartir algo que pasó hace mucho tiempo e invitaros a los demás a que me contarais vuestra historia. Porque todos tenemos una…
      Gracias por empujar mi puerta y dejar tu huella.

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  1. Josep

    Una historia que tiene tanto de bueno y entrañable como de odioso y despreciable, pero que ojalá que el resultado, que la suma final se decantase por lo bueno, por lo saludable… si, así lo espero.

    Ya me dirás si valió la pena, si fue sólo un gramo… ya te digo yo que si lo fue…

    Un beso.

    Responder
      1. Josep

        Esta ahí en el muro de Mi Vida, escondida tras algo más de ocho años ya… pero si que es verdad que del día a día todo se aprende, este último año ha sido un continuo aprendizaje.
        Me gusta tu forma de contar las cosas…

        Un beso de vuelta.

        Responder
  2. alterfines

    Primeros años 2000. Nuestra hija, por entonces de unos 4 ó 5 años, compartía horas de parque con dos vecinas que tenían una cuidadora guatemalteca encantadora: educada, atenta, culta, currante como pocas personas he visto yo… La familia la dejó literalmente tirada cuando cambiaron de domicilio, y ella, un tanto apurada, nos pidió que le hiciésemos una carta de recomendación para volver a buscar trabajo, puesto que entre padres, las referencias por lo visto son fundamentales. No nos importó hacerlo desinteresadamente, porque Juana, que es su nombre, siempre se portó muy bien con Ale (mi hija). Pues bien, cinco años después ella era la vigilante del aparcamiento en el que yo buscaba plaza: me reconoció al instante (he de decir que yo no caí de inmediato, pero sí tras la conversación) y me ayudó en la búsqueda del alquiler. Y hoy charlamos cuando nos vemos, y nos echamos unas risas siempre que podemos. Juana sabe reírse de todo (incluido de sí misma, como todas las personas inteligentes) y me comenta cada cosa sobre mis “vecinos” de plaza, que ya, ya…
    Lo siento por la “rallada”.

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    1. lapuertaentornada Autor de la entrada

      De rallada, nada! Esto es precisamente lo que buscaba, que me contarais vuestra historia!
      Las vueltas que da la vida, eh?
      Salúdame a Juana. Qué suerte haberos conocido!
      Gracias por compartir tu historia. Una prueba más de que hay gente buena por el mundo.
      Un abrazo.

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  3. mamuchi

    a mi me ocurrió algo parecido, con una chica Checoslovaca, la despidieron de la casa de al lado solo por llegar 15 minutos tarde y todo por culpa del autobús,llamo a casa llorando y automatica mente la contrate y ademas le arregle los papeles para poder estar legal en España ya que se lo habían negado durante cuatro largos años. por cierto se llama margarita.

    un besazo muuuuuuuuuuuuuuuy gordote.

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    1. lapuertaentornada Autor de la entrada

      En serio? Y como no me sabia yo esta historia? Y luego me dices por Skype que no sabes que contarme… Pa’ matarte! 🙂
      Gracias por compartirla.
      Tqm

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  4. olga

    Madrid, hace años, yo saqué a una chica que se le quedó atascada la pierna entre el vagón del metro y el andén, mientras que todos miraban a ver cómo perdía la pierna…nos sale solo mana, nuestros buenos actos vienen de nuestra querida mami..tkm

    Responder
    1. lapuertaentornada Autor de la entrada

      Es increíble a veces la indiferencia que se puede llegar a mostrar ante algo así. En Londres vi una vez a un señor tirado en el suelo, cerca de la parada de autobús. La gente pasaba a su lado y ni le miraba. Yo lo estuve observando hasta que llegó mi autobús pero no me acerqué a preguntarle si necesitaba ayuda. Todavía me avergüenzo de aquello…
      Gracias por compartir tu historia.
      Tqm.

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  5. Nergal

    Las peculiares situaciones que suceden en los viajes siempre crean curiosas amistades, algunas son duraderas, incluso de por vida, otras breves, algunas intensas ;), pero la mayoría efímeras.
    Anda que ya le vale al revisor….
    Por suerte o por desgracia he vivido la situación en ambos lados y entiendo como te sentiste tú y sobre todo las dos tres mil y millones de gracias que te dio él.
    Chapo por tu detalle :D, pocas personas lo hacen o harían.
    Abrazos mejor que saludos

    Responder
    1. lapuertaentornada Autor de la entrada

      Ay, si yo te contara toda la “fauna” que yo he conocido en trenes y aviones! Sólo te diré que me alegro de que esas relaciones fueran efímeras jaja.
      Estamos en una sociedad muy apática (con matices entre los países que conozco) pero yo creo que todavía quedan muchos dispuestos a ayudar a los demás. Yo he visto a mucha gente completar el billete de autobús de pasajeros que no tenían cambio o no les llegaba para evitar que el conductor los dejara en tierra.
      Como le decía a yolejos, con esta entrada no pretendía ser la protagonista, sólo quería demostrar que nunca se sabe quién necesitará ayuda ni cuándo, y que ahí estamos incluidos todos; así que más vale ser solidario porque igual un día te toca a ti ser el necesitado.
      Un fuerte abrazo 🙂

      Responder
  6. joaquinsarabia

    Todos deberiamos pensar que éso ¡podría sucedernos a nosotros! y en ése caso ¿a quién recurres, en otro pais, en otros idioma?, el primero que deberia pensar éso es el revisor.
    Estupendo Post solidario.
    Un Fuerte Abrazo 🙂 .

    Responder
    1. lapuertaentornada Autor de la entrada

      Muchas gracias, paisano.
      Supongo que la moraleja de la historia es que nunca sabes cuando serás tú el que necesitará ayuda.
      Y tu historia solidaria? Te la guardas para ti solo tú también? Vaya lectores más “egoístas” que tengo jaja.
      Un fuerte abrazo 🙂

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  7. Anónimo

    Tu medio de transporte preferido seran las letras de un libro pero veo que no desprecias los que te trasladan fisicamente a otros lugares 🙂 Tienes un blog muy interesante. Besos!

    Responder
    1. lapuertaentornada Autor de la entrada

      jaja muchas gracias. Sí, la verdad es que llevo un poco mal eso de quedarme parada en un sitio. Cuando no es la mente, es el cuerpo. El caso es descubrir otros lugares 😉
      Gracias por dejar tu huella en mi puerta.
      Muchos besos!

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  8. plared

    Angola, Sierra Leona, Nicaragua y muchos mas donde la miseria es la moneda corriente y tu vida vale lo que un paquete de cigarrillos. Mucho que contar quizás y mas, cuando en esos tiempos no andábamos precisamente en el bando de los buenos. Saludos

    Responder
    1. lapuertaentornada Autor de la entrada

      Y quién decide quienes son los buenos? En esta vida, todo depende del cristal con el que se mire. Los buenos pasan a ser malos (y viceversa) según la coyuntura del momento. Muchas veces es la manipulación mediática la que se encarga de poner a unos en un bando y a otros en el contrario…
      Me quedo con las ganas de saber tu historia (o una de ellas).
      Un saludo

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  9. asquerosamentesano

    Ya era entrada la noche cuando salí de la facultad. Una pandilla de adolescentes había rodeado a un chaval que, ora la cartera ora el reloj, empezaba ya a soltar lastre. El líder de la manada, un machito alfa con el rostro picoteado por el acné, estaba intimidando a su presa por el método de echarle el aliento acercándose mucho a la cara de su víctima, mientras el resto de la jauría lo jaleaba con sus ladridos disonantes. Por desgracia yo no era ya el levantador de pesas de años atrás, sino un aspirante a filósofo convertido al vegetarianismo que soñaba con correr un maratón. Aún así me acerqué al grupo e, impostando mi voz al más puro estilo Constantino Romero, rodeé con mi brazo los temblorosos hombros de la víctima y dije: “¿Tenéis algún problema con mi colega?”. El machito alfa se puso bravucón, pero yo frisaba ya los treinta y había ensayado frases como ésa delante del espejo más de una vez (“¿Es a mí? ¿Hablas conmigo?”, De Niro en Taxi Driver, por ejemplo). Acompañé al chaval, que temblaba como la hoja de un árbol un día de viento, hasta su casa y luego cogí el metro sintiéndome como un superhéroe de cómic. También temblaba, pero nadie se dio cuenta.

    Responder
    1. lapuertaentornada Autor de la entrada

      Me has puesto la carne de gallina.
      Yo vi en Londres a un tío pegando a una mujer (su novia? su mujer? su amante? quien sabe!) y no me atreví a meterme, supongo que por miedo a que también me zurrara a mi (me sacaba dos cabezas en todas las dimensiones; aunque supongo que eso no es excusa). Otros transeúntes pasaron al lado de la escena, y ni la miraron.
      Estuve pensando en esa chica mucho tiempo. Hoy tu historia me la ha recordado. Gracias por compartirla.
      Un abrazo.

      Responder
  10. Francesca

    Mi vecino llamó a la puerta en estado de shock: su mujer se había cortado las venas porque, al parecer, le habían diagnosticado un tumor en el colón. De esto hace unos 10 años. Eran sesentones entonces. Rápidamente mi madre y yo (ahí no estuve sola) la atendimos. Mientras yo llamaba a la ambulancia y me daban indicaciones, mi madre las ponía en práctica. No puedo olvidar el olor metalizado de la sangre ni las salpicaduras en la bañera. El tumor fue benigno, se lo extirparon y hoy sigue viva.
    No hubo ningún reconocimiento, ni siquiera creo que pudiera recordar demasiado lo que había hecho.
    Confío que la solidaridad me sea devuelta algún día si me encuentro también en una situación extrema, a punto de perder mi vida.

    Responder
    1. lapuertaentornada Autor de la entrada

      Vaya historia, Francesca! Tú también has conseguido ponerme la carne de gallina!
      Menuda papeleta os encontrasteis tu madre y tú! Hay que tener los nervios de acero para hacer frente a algo así… y como tú dices, se te queda grabado en la memoria.
      Me alegro que tu historia tenga un final feliz…
      Me ha recordado este micro-relato de García Márquez:
      “…el drama del desencantado que se arrojó a la calle desde el décimo piso, y a medida que caía iba viendo a través de las ventanas la intimidad de sus vecinos, las pequeñas tragedias domésticas, los amores furtivos, los breves instantes de felicidad, cuyas noticias no habían llegado nunca hasta la escalera común, de modo que en el instante de reventarse contra el pavimento de la calle había cambiado por completo su concepción del mundo, y había llegado a la conclusión de que aquella vida que abandonaba para siempre por la puerta falsa valía la pena de ser vivida”.
      Un abrazo.

      Responder
  11. Dessjuest

    La mili, el ejército sólo te subvencionaba el viaje de Bilbao a Salamanca, te podías bajar en cualquier estación que pillara de camino, pero la cosa es que me venía mejor ir hasta Avila, de ahí el bus me dejaba en la puerta del cuartel, si no me tocaba hacer dedo (soy muy feo y no me cogían ni los ciegos) o pagar taxi.

    Asi que lo que hacía era “quedarme dormido” en Medina y claro, el revisor, que no era tonto, a la tercera semana que te quedabas dormido ya nos quiso hacer pagar el billete de Medina a Avila, así que uno, cabrón por naturaleza, alzaba la voz lo suficiente como para que algún viajero tipo tú se diera cuenta, saliera y se pusiera de nuestra parte y me pagara las 300 o 400 pesetas del suplemento.

    Si es que siempre hay aprovechados que abusan de las buenas personas, encima nunca llamaba por teléfono, ponía cara de cordero degollado por ver si invitaba al desayuno y le aguantaba la charla ese rato, luego ya si te he visto no me acuerdo.

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    1. lapuertaentornada Autor de la entrada

      Jajaja creo que es la primera vez que admites que eres feo. Hasta ahora solo habia leido de ti mismo lo apuesto y atractivo que eres jajajaja (lo siento, no he podido evitarlo) 😛
      “Aprovechaos hay en tos laos”. En la estacion de tren de Murcia habia una vez un chaval que iba pidiendo un euro para poder completar el dinero para su billete. Por supuesto pique. Cuando me di cuenta que se lo iba pidiendo a todo el mundo y que le seguia faltando un euro le eche una bronca, sobre todo porque supuestamente iba a coger el mismo cercanias que yo, y no se monto conmigo. Mi prima me dijo que el chaval era un asiduo a la estacion del tren. Es lo que tiene estar fuera, que las noticias del barrio le llegan a una tarde jajaja.
      Un abrazo, “guapeton”

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      1. Dessjuest

        Feo soy, con ganas, lo que pasa es que en internet se miente siempre, por eso me puse el gravatar con un tipo atractivo, para ligar, no pasa nada, quédate con la imagen de tío apuesto 😀 no me importa.

        Responder
          1. Dessjuest

            Querida, ya sabes que hay que autojustificarse, cuando matas un perro siempre dices eso de “¿quien no ha matado un perro?”, si atropellas una ancianita lo mismo, yo soy cabrón, vil y mentiroso (y feo), pues debo intentar no parecer excepción, que me escupen.

            Besos.

            Responder

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