De canciones y madres

Mamitina preciosa,

Me han chivado que hoy es el Día de la Madre en España (¡gracias ternerita wapa!). Se me había olvidado que allí se celebra el primer domingo de mayo, a diferencia de otros países. Y es que tanto cambiar de “barrio” (como diría cierta Reina Maga), me tiene un poco desorientada. Además, aquí, es un dia laborable más. ¿Para cuándo un Día Internacional de la Madre? Así podría apuntármelo en mi calendario y olvidarme del tema hasta que me saltara el recordatorio al año siguiente, como hago con los cumpleaños (porque, en contra de lo que digan, el saber sí ocupa lugar). ¿Te felicité el año pasado? ¿Y el anterior? Ni me acuerdo.

Pero sí que me acuerdo del día que acabaste con mi carrera de cantante. Porque, yo, iba para cantante. Si no, ¿a santo de qué iba a pasarme las tardes encerrada en mi habitación imitando a la Pantoja? ¿O a Pimpinela, cuando te ibas al mercado el sábado por la mañana y nos dejabas a mi hermana y a mí encargadas de la “operación: polvo del salón” (¡y que nadie piense mal!)? ¿Te acuerdas tú de aquel fatídico día? Fue en la “casa de Compostela”. Tú empezaste a cantar una canción de Cecilia y yo te hacía los coros. De repente, te callaste y, entre risas, me dijiste: “cariño, estropeas todas las canciones”. Así, sin más. Sin intro ni prefacio. A bocajarro. Y hasta la fecha.

Sin embargo, no te puedo guardar rencor porque tú sabías bien de qué hablabas. Me acuerdo de cuánto solías cantar en casa y de cómo me gustaba escucharte. ¡Qué bien lo hacías! Y también recuerdo que, un día, dejaste de cantar. Entonces la casa, nuestra casa, dejó de ser la misma. Las paredes se quedaron tristes y los muebles fríos. Durante mucho tiempo eché de menos escuchar tu voz acariciando los marcos de puertas y ventanas. Es uno de los recuerdos más bonitos que tengo de mi niñez. Yo sé por qué dejaste de cantar, pero no lo voy a contar aquí. Las dos lo sabemos. Y precisamente porque sé el motivo quiero pedirte que, poco a poco, retomes esa antigua costumbre tuya de cantar (prometo no hacerte los coros). Para que yo pueda pararme un segundo, o dos, o cien, y escucharte desde otra habitación, sin que tú lo sepas. Las buenas costumbres no hay que perderlas. Sería “coser y cantar” para ti.

Quedan diecinueve días para volver a verte. Diecinueve días para poder darte un abrazo cruje-huesitos (que no rompe-costillas). Diecinueve días para que nos den nueve ataques de risa. Diecinueve días para que vayas practicando y vuelvas a cantar.

londres¡Feliz Día de la Madre (¿cantarina?) para ti y para todas las madres!

Te quiero miles de millones de infinitomillones.

Tu elefanta.

PD. Acabo de caer porque no hay ni nunca habrá un Día Internacional de la Madre: porque si juntamos todos los días de la madre del mundo, ¡todos los días son el Día de la Madre!

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