Circuito histórico (V): Senderismo en el Escarpe Mesket

IMG_3673Todavía me quedaba una mañana para disfrutar de Lalibela, antes de aventurarme a las montañas que la rodean durante cuatro días. Según el calendario ortodoxo era el día de San Jorge, por lo que habría modestas peregrinaciones a Bet Giyorgis (literalmente, “la casa de Jorge”), que se encuentra apartada del resto de iglesias.

Justo cuando el rey de Lalibela se disponía a acabar su serie de iglesias, recibió una inesperada visita. Vestido con armadura y montando un caballo blanco, el santo patrón de Etiopía, Jorge, hizo acto de presencia. Estaba realmente indignado porque no se le había dedicado ninguna iglesia. Avergonzado, el rey se disculpó y prometió construirle la iglesia más bella de todas. Todavía hoy pueden verse las huellas del caballo de San Jorge imprimidas en la roca.

En otro intento fallido, me puse el despertador a las 6am con la esperanza de aventurarme en la iglesia antes del amanecer para empaparme de la atmósfera mística del despuntar del día. De nuevo el cansancio pudo conmigo. Afortunadamente, desde mi cama (¡glorioso balcón!) podían atisbarse los espíritus blancos, que yo miré un par de veces con mis ojos somnolientos antes de poder levantarme.

IMG_3690Tras el desayuno me dirigí hacia la iglesia donde todavía seguían los cánticos (algo bueno tenía que tener que aquí las misas duren siglos; que digo siglos, ¡eternidades!). Observé a los feligreses desde lo alto. No pude evitar un sentimiento de IMG_3697culpa por ser testigo invisible de un momento tan íntimo. Un par de niños me hicieron compañía durante un rato y con las mismas seguí mi camino. Di con un artesano local al que le compré unas pinturas en cuero que me habían encantado el día anterior. Al menos éste estaba dispuesto a negociar el precio. Volví a las iglesias del grupo norte donde me senté casi una hora a observar la vida religiosa. Sorprendentemente, seguía sin haber muchos turistas.

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Empecé mi ascenso a la montaña después de compartir un bayenetu con el que sería mi guía. Hacía mucho calor y esperaba que la montaña me tratara bien. El camino era empinado. Estaba previsto que ascenderíamos a 4.000m en dos días. Lalibela se encuentra a más de 2.600m de altitud. En pocos kilómetros las vistas ya empezaron a ser espectaculares. Varios lugareños nos acompañaron hasta que nuestros caminos se separaron. Esto se convertiría en una costumbre a lo largo de los cuatro días. Hombres y mujeres, jóvenes y no tan jóvenes se ofrecían a llevar mi mochila. El burro ya llevaba la grande. En el primer descanso de la tarde, pude ver babuinos Gelada a lo lejos.

IMG_3734Llegamos al primer campamento, llamado Ad Medhane Alem, antes del anochecer. Me duché al estilo tradicional, con un poco de agua en un lugar al aire libre asignado para ello. Sin cortinas ni puertas, con el viento endureciéndote la piel y unas vistas increíbles. Esa misma noche compartiría 50gr de chat con el guía sin ningún tipo de efecto secundario.

Al día siguiente nos dirigimos hacia Abuna Yoseph (que significa Monje José), el pico más alto de la zona, a unos 4.300m. Hicimos seis horas de marcha: tres en llano y tres de subida. Nada que ver con los campesinos con los que nos cruzamos. De camino al mercado semanal de Lalibela, a algunos les esperaba hasta diez horas de caminata. Pasamos por un hospital sin médico pero con enfermera. Muchos aldeanos tienen que caminar horas para poder llegar a él. Los que están muy enfermos no tienen más remedio que ir a Lalibela a curarse. Lo normal es que estén en un estado en el que no puedan andar, con lo que tienen que hacer el camino en mula o en camilla. Estamos hablando de, mínimo, tres horas de viaje en plena montaña.

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Mi cuerpo se cansaba debido a la altitud pero no se dejaba ganar. Por desgracia tuve que descartar subir a Abuna Yoseph. El cielo amenazaba con llover, IMG_3743hacía frío y yo no iba equipada. Al poco de llegar al campamento Agew Beret, empezó a llover y a granizar. Los lugareños recibieron la lluvia con alegría. Hacía mucho frío, así que casi no me moví de la lumbre de la cocina, envuelta en una manta, e intentando entablar conversación con los locales. Sólo me aventuré al frío una vez para ver una manada de babuinos Gelada, que se habían acercado al campamento. A la mañana siguiente también pudimos divisar desde la distancia un lobo etíope, que es la versión elegante del zorro rojo.

Emprendimos la marcha hacia el campamento Tadios Amba. El sol empezaba a calentar. El terreno sería llano durante la mayor parte del día. Vi poblados en sitios imposibles. Paramos en una escuela local aprovechando que el profesor estaba dando una clase de recuperación en domingo. Pensé en lo gratificante que hubiera sido dar clase en una escuela así y dejé volar mi imaginación durante un segundo.

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Sólo me encontré gente amable por el camino. Nadie te pide nada. Sólo te saludan con un eterno “halo-halo-halo” hasta que desapareces de su campo de visión. Yo no dejaba de IMG_3809sorprenderme de todo lo que esta gente tiene que caminar cada día. Al carecer de acceso a agua corriente tienen que ir al punto de agua más cercano, ya sea río, corriente o riachuelo, a recogerla. Los hay que caminan hasta tres horas antes de llegar a una fuente de agua. Muchos la beben sin hervirla con el riesgo de IMG_3813enfermedades que eso conlleva.

Las escuelas también están lejos. Le pregunté a una niña, ya en el campamento, que me dijo que ella tardaba dos horas de ida y dos de vuelta. Sale a las 6am para llegar a las 8am. Las clases duran hasta las 12pm. Hay dos turnos, uno de mañana y otro de tarde. El gobierno es consciente de que los niños tienen que ayudar en casa durante todo el día. IMG_3873Con esta medida se pretende ayudar a las familias con más de un hijo, asegurando de esta manera que siempre haya en casa alguien para ayudar.

Por la noche probé la cerveza local de esa parte de la montaña, llamada corefie. Como es barata los aldeanos la toman para engañar el hambre. Para ellos es también una bebida energética que les ayuda a llevar a cabo las tareas del campo. El ingrediente principal es el centeno.

Como todo lo que sube tiene que bajar, el último día de trekking transcurrió entre bajadas pedregosas que no ayudaron a las ampollas que me habían salido el día anterior. La última hora fue especialmente dolorosa y no veía el momento de quitarme las botas.

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Pasamos por poblados, con perros incluidos, que eran bastante agresivos. Parece ser que es normal que te ataquen si no tienes un palo para plantarles cara. Afortunadamente mis guías locales no eran pipiolos. Aún así, pasé un par de momentos de angustia en los que pensaba que el perro nos atacaba.

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El último campamento, del mismo nombre, estaba en lo alto del pueblo Geneta Maryam,donde existe otra iglesia del siglo XIII tallada en roca que se llama igual. Me hubiera gustado ir a visitarla, pero las ampollas de los pies y los 150 Birr que costaba la entrada fueron suficientes para que me conformara con verla desde la distancia y en un poster en el comedor.

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El cielo volvía con sus amenazas de lluvia, así que al poco de llegar al campamento me calentaron un poco de agua para darme otra ducha tradicionaIMG_3863l a cielo abierto. Justo cuando estaba terminando el cielo cumplió su amenaza y empezó a llover y granizar con fuerza. El viento les hacía la competencia. Tuve que hacer malabares para poder coger mi ropa y lo del baño sin perder IMG_3861nada en el camino. Cuando ya lo tenía todo en la mano una ráfaga de viento me quitó la toalla. Volver a ponérmela fue toda una odisea. El viento soplaba con saña. Por fin conseguí volver a liármela. Con todo repartido entre las manos y los dientes, y a pesar de tener los pies mojados y resbalándose en las chanclas, pude llegar a la habitación ante la mirada divertida de los lugareños. Una vez dentro, parecía que el viento, la lluvia y el granizo se peleaban por acabar con el mundo.

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4 pensamientos en “Circuito histórico (V): Senderismo en el Escarpe Mesket

  1. asquerosamentesano

    Vaya… Me ha gustado tanto tu crónica que no sé qué decir. No quisiera parecer exagerado, pero mientras leía me daba la impresión de caminar a tu lado.
    “Una vez dentro, parecía que el viento, la lluvia y el granizo se peleaban por acabar con el mundo”. Un final de 10.

    Responder
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