Circuito histórico (II): Lago Tana

A las 7.30 de la mañana ya lo tenía clavado como un reloj en el hotel, dispuesto a tomarse el desayuno conmigo. Lo saludé con educación, casi casi amistosamente. Todavía no era el momento de mostrar mi desagrado. Además, una parte de mí todavía quería darle un voto de confianza y ver cómo se iba a desarrollar la visita a los monasterios.

Thomas me pagó el desayuno. Yo no rechisté. Al fin y al cabo estaba invitándome con mi dinero así que, en realidad, era yo la que le estaba invitando a él, aunque me estuviera haciendo creer lo contrario.

Su amigo, el del barco, vino a buscarme al hotel, tal y como habíamos acordado, para llevarme al embarcadero. El día anterior me había dicho que seríamos cinco personas. Si las matemáticas no me fallan, allí habíamos once. Me habían dado instrucciones de no comentar el precio que yo había pagado con el resto de pasajeros porque supuestamente ellos habían pagado más que yo. El tema salió inevitablemente en la conversación. Yo había pagado 350 birr, otro grupo 300 birr y los japos (mis héroes por un día), 80 birr. Definitivamente, Thomas me había timado. Si aún quería aferrarme a alguna esperanza de que no, ya no podía encontrar ninguna. El chico del barco notó mi desagrado. No era difícil leerlo en mi mirada lanza-rayos.

El lago Tana es el lago más grande de Etiopía y puede que también el más famoso. Fuente del Nilo Azul, el río más largo del mundo, se le considera el enlace entre este país y el mundo antiguo. Incluso hoy pueden verse botes hechos de papiro (tankwa) que recuerdan a los del antiguo Egipto. A pesar de lo que digan las guías, sus aguas no tienen ningún encanto especial; a no ser que vayas sugestionado por la historia que envuelve los más de veinte monasterios que habitan las diferentes islas del lago, recuerdo de los tiempos en que Tana era el foco político y espiritual del Imperio Cristiano, entre los siglos XIII y XVII.

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La primera parada la hicimos en el monasterio de Entos Eyesu. La entrada a cada monasterio nos costaría 100 birr. Este, en concreto, no los valía, ni desde un punto de vista arquitectónico ni artístico. ¡Siguiente!

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Del primer monasterio, que no merece mención ni en la Lonely Planet ni en la Bradt, nos fuimos a la península de Zege, a visitar el monasterio de Ura Kidene Mihret. A pesar de que éste era considerablemente mejor que el primero, tampoco era para tirar cohetes. Aunque las paredes estaban cubiertas de murales pintados de hasta hace 250 años, este monasterio todavía estaba lejos de cautivarme. En lo que a monasterios se refiere, mi corazón sigue perteneciendo a los del lago Inla, en Myanmar.

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Tras visitar el que está considerado como el mejor monasterio de todo el lago, decidí no darle una oportunidad al tercero, Debre Maryam. Desde fuera no parecía prometedor y la guía tampoco lo vendía muy bien, por lo que fue una decisión fácil de tomar. Aquéllos que sí entraron me dijeron que no me perdí nada.

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De vuelta a tierra firme paramos en hipolandia no más de cinco minutos. Lo justo para hacer las fotos de rigor y ponerle una cruz a la casilla de hipopótamos. Me sorprendió sentir un poco de morriña del Chad, de mis paseos por el río al atardecer, y de la ilusión de ver a estos animales por primera vez.

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Ya en Bahir Dar fuimos a comer a Desset Lodge, a orillas del lago, recomendación de un compañero de trabajo. Si bien se puede comer mejor y más barato en otros sitios, es difícil hacerlo con mejores vistas.

Thomas había intentado llamarme un par de veces y yo tenía pocas ganas de hablar con él. Al final decidí responder el teléfono y decirle que finalmente no quería que me acompañara a las cataratas del Nilo Azul y que esa misma tarde me marcharía para Gondar. El no insistió. Supongo que para entonces ya habría hablado con su colega, el de los barcos, y le habría dicho que al final del tour nos habíamos quejado del precio y del número de gente.

Encontrar un minibús para ir a Gondar no me costó mucho. Sin embargo, encontrar suficiente gente para llenarlo y ponernos en marcha nos llevaría una hora. Paramos en todos los pueblos habidos y por haber. En un momento habían montado tanta gente en el camino que unos cuantos hicieron parte del viaje de pie, pero encorvados, porque la furgonetilla no era lo suficientemente alta como para poder estar erguido. Llegamos a Gondar entrada la noche. Afortunadamente, el conductor del minibús tuvo la amabilidad de dejarme en la puerta del hotel (Genetics Guesthouse). Yo necesitaba una ducha desesperadamente, pero el sueño pudo conmigo.

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Un pensamiento en “Circuito histórico (II): Lago Tana

  1. Pingback: Bahir Dar y Lago Tana (fotos) – Etiopía | La puerta entornada

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