Timo, tomate, tímalo…

Desde mi llegada a Addis no han parado de repetirme que ésta es una ciudad muy segura. Puede ser. Sin embargo, la primera vez que mis pies estrenaron suelo urbano, en el trayecto que va de la oficina del equivalente de Correos al edificio de inmigración, distancia que se recorre en menos de cinco minutos andando, intentaron robarnos.

Dos niños nos ofrecieron comprar pañuelos de papel y, a pesar de nuestra negativa, no se separaban de nosotros, algo por lo visto inusual. Yo noté como uno de ellos miraba mi bolso y le hacía un gesto al otro con los ojos así que me lo puse delante, abrazándolo, y seguí caminando. Al poco llegó un señor que parecía regañarles por andar siguiéndonos, sin duda el compinche mayor y el que iba a consumar el acto. Uno de los niños se acercó demasiado a uno de mis compañeros, rozándole con el brazo a la altura del bolsillo del pantalón. Mi acompañante ya andaba con la mosca detrás de la oreja así que también se dio cuenta. Hizo un gesto para apartarlos y, en ese momento, los niños desistieron. Afortunadamente para nosotros estos niños eran principiantes pero llegará el día en que aprenderán y robarán con éxito.

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Al día siguiente decidimos ir a la escuela donde voy a trabajar caminando y en mini buses para ir familiarizándonos con el recorrido. Todos llevábamos una mochila detrás de la espalda. Por precaución, yo había metido todo lo de valor en el bolsillo más grande, dejando en el bolsillo exterior los pañuelos de papel y la vaselina. O eso creía yo, porque la costumbre me llevó a meter también el móvil de una manera automática sin reparar en el peligro que eso suponía. En menos de diez minutos uno de mis compañeros se dio cuenta de que mi bolsillo exterior estaba abierto de par en par. Por supuesto el móvil había desaparecido, aunque yo no lo echaría en falta hasta mucho más tarde. Un maravilloso móvil con linterna incluida que mi querida amiga Irene me había comprado cuando el anterior se me rompió en Londres. Tenía menos de cuatro meses de vida. Un fastidio. Menos mal que traje uno de repuesto con varios años de antigüedad que utilizaré hasta que se muera o me lo roben.

A pesar de que en dos trayectos cortos a pie en dos días consecutivos hemos sido víctimas de un intento de robo y otro robo consumado, siguen empeñándose en convencerme de lo segura que es Addis. Me recuerdan al agregado comercial de la Oficina Comercial de la Embajada de España en Sídney, que me dijo que Sídney era la ciudad más segura del mundo. Y, cuando en mi primera semana presencié un robo a mano armada en el banco donde acababa de abrirme una cuenta, se limitó a decirme que es que yo había tenido mala suerte.

PD. Después de comentarlo con varios locales me han asegurado que sí, que Addis es una ciudad segura, pero que hay tener cuidado con los pequeños robos. Sobre todo en sitios muy concurridos, como mercados o lugares turísticos, porque hay muchos ladronzuelos a los que les faltan muchas cosas y les sobra picaresca.

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